Análisis crítico del discurso de dibujos animados chilenos contemporáneos (*)

Critical discourse analysis in contemporary Chilean cartoons

RESUMEN:

A través de una adaptación de la metodología del análisis crítico del discurso de Ruth Wodak al estudio de dibujos animados, se presenta nuestro estudio de representaciones de la diferencia étnica y cultural en dibujos animados chilenos contemporáneos (El ojo del gato, Pulentos, Walala y Diego & Glot). En primer lugar se exponen los resultados particulares de cada serie. Luego, los resultados generales, los que revelan estrategias de representación y tipificación comunes, las que trascienden la particularidad de cada serie. Así, se reitera una representación positiva del norte y el sur chileno por su contraste al hábitat común de sus personajes, una tipificación orientalista de los personajes y prácticas que representan un Oriente que determina todo su actuar, una representación negativa de personajes provenientes del Primer Mundo cuya maldad se halla particularmente subjetivada, y una representación de lo latinoamericano que afirma su posibilidad de integración a lo nacional. Finalmente, en torno a la contraposición entre viaje y arribo se concluye sobre la existencia, en los imaginarios estudiados, de límites que se mantienen tras un reconocimiento de la alteridad que no trastoca los límites entre uno y otro grupo.

ABSTRACT:

From an adaptation of Ruth Wodak’s methodology for critical discourse analysis to the observationf of cartoons, we present our study of representation of cultural and ethnic difference in contemporary chilean cartoons (El ojo del gato, Pulentos, Walala y Diego & Glot). First, we expose the partial results of each serie. After that, we describe the general results, which reveals shared strategies of representation and tipification that trascend the singularity of each serie. They display a positive representation of the north and south of Chile based in its difference to the habitat of the characters, an orientalist tipification of the caracthers and practices that represent a Orient that determines all their action, a negative representation of characters from the first world whose evil is particulary subjected, and a representation of Latin America that affirms it possiblity of integration. Finally, from the contraposition of traveling and arribing we conclude on the existence, in the studied imaginaries, of limits that are keeped after a recognition of the alterity that doesn’t contest the limits between one group and the other.

PALABRAS CLAVES: Análisis crítico del discurso, televisión infantil, diferencia étnica, diferencia cultural KEYWORDS: Critical discourse analysis, children television, ethnical difference, cultural difference

*Alejandro Fielbaum S (1984). Estudiante de Magíster en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Chile. Licenciado en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica, y estudiante egresado de Sociología por la misma casa de estudios. Contacto: afielbaums@gmail.com

**Carlos Portales G. (1984). Sociólogo de la Pontificia Universidad Católica y estudiante de Estética de la misma casa de estudios. Ha investigado sobre la industria cultural infantil, medios de comunicación y derechos laborales. Contacto: carlosportales@gmail.com

(*) Lo aquí presentado es parte del taller de titulación presentado por los autores para optar al título de sociólogo al Instituto de Sociología de la Pontificia Universidad Católica. Ésta fue realizada en el segundo semestre académico del 2009, y puede hallarse en la Biblioteca de aquella casa de estudios bajo el título “Juntos pero no revueltos. Investigación sobre representaciones de diferencias culturales y étnicas en los dibujos animados chilenos contemporáneos”. Otras secciones de la misma investigación se encuentran, actualmente, en proceso de arbitraje en otras revistas nacionales especializadas en el estudio de medios de comunicación.



En el presente artículo presentaremos los resultados de la observación de dibujos animados chilenos contemporáneos, desde una adaptación de las categorías del análisis crítico del discurso propuesto por Ruth Wodak (2001: 386; 2003: 114) para la especificidad del formato audiovisual de tales dibujos. Después de exponer tal modulación, describiremos los resultados tras exponer brevemente el contenido de las series en cuestión en torno a lo que sus personajes imaginan como su propia comunidad, normalidad con la cual contrastan las diferencias étnicas y culturales cuyas representaciones nos interesa aquí analizar.

Metodología

Las dimensiones de análisis serán las siguientes:

Referencia: Su objetivo es la construcción de categorías internas y externas, para lo cual se vale de la representación de formas de pertenencia, así como sinécdoques, metáforas y metonimias biológicas, naturalizadoras y despersonalizantes. La pregunta central será por la forma en qué nombra y se refiere a la diferencia. Se analizará, en este punto, tanto qué diferencia es la representada (esto es, a qué cultura se la atribuye), qué nombre o sobrenombre se le otorga, qué tipo de presencia se le atribuye (como lugar, como personaje, como costumbre o como artefacto) y cuál es su “zona imaginada”. El adjetivo que acompaña a la última categoría se debe al hecho de que es posible agrupar las representaciones observadas en cuatro categorías desde estrategias similares de representación a cada cual, aún cuando física o “realmente” tales zonas carezcan de aquella similitud. En tal sentido, lo realizado por tales discursos es precisamente imaginar aquellas zonas como unidades culturales comunes, sin que aquello impida cierta diferenciación de sus etnias y culturas, las que poseen ciertos predicados comunes obtenidos por tal pertenencia.

Predicación: Se trata de la etiquetación de lo representado de forma más o menos positiva o negativa, de aprobación o rechazo. Puede utilizar la atribución estereotípica y valorativa de rasgos positivos o negativos, además de predicados implícitos y explícitos. El foco de análisis aquí son rasgos, características, cualidades y particularidades atribuidas a lo representado.

En tal sentido, nos preguntaremos por la forma en la cual es valorada la referencia. Estas valoraciones pueden ser atribuidas tanto mediante la representación que se realiza de la diferencia a lo largo de un episodio, tanto como por medio del comentario explícito de algún personaje. Resulta tan fundamental saber si tal diferencia es concebida positiva o negativamente, como si aquello se justifica por la similitud o la diferencia que acarrea respecto a lo concebido –en las series respectivas– como normalidad. Consideraremos los tipos de atributos otorgados, desde la singularidad que pueden adoptar los distintos tipos de presencia. En el caso de un paisaje, remiten al grado de “naturaleza” que posee, la radicalidad de la diferencia respecto al espacio corriente, la existencia y relevancia de elementos que lo configuren como diferente y lo que éste simboliza. Esta última categoría existirá también para analizar la predicación de artefactos y costumbres, y resulta análoga a lo indicado como valores que representan los personajes. Básicamente, aquello significará que es lo que representa tal diferencia para los personajes.  En el caso de los artefactos, revisaremos además al tipo de artefacto, al nivel de su integración al universo de sentido de los personajes y a la importancia otorgada a éste en cuanto objeto de diferencia. En el caso de las costumbres, se analizará qué tipo de costumbre es la representada (por ejemplo, culinaria), su relevancia narrativa en razón de su “otredad”, su posible inserción al horizonte de sentido de los personajes y el grado de apropiación de los personajes de tales costumbres. En los distintos análisis sobre importancia, inclusión y apropiación existirá la posibilidad de considerar aquello como media –y no sólo alta o baja–, para así poder notar las posibles tensiones representadas.

La primera columna de análisis sobre los personajes referirá a su función narrativa, en lo que refiere a su posición respecto a los protagonistas. Es decir, si los acompañan (coprotagonistas), si se oponen a ellos (antagonistas), si acompañan a sus oponentes (coantagonista) o si no siguen la historia (episódico). En lo referente a su psicología, ésta podrá pensarse como malvada (busca aprovechar o dañar al otro), rígido (es renuente al otro, sin por ello buscar aprovecharse de él), inseguro de sí (remarca su carácter pasivo, temeroso en su diferencia), tranquilo (habita su diferencia sin problemas ni particular proactividad), amable (busca ayudar a los otros, a través de su diferencia) y seguro de sí (expone su diferencia, sin importar si aquello ayuda al otro). Como se deja ya ver, lo importante en el análisis será la relación trazada por los personajes respecto a aquellos que le resultan distintos. Los análisis sobre cuerpo y tono buscarán comprender la posible tipificación existente en el fenotipo, la vestimenta o el habla de los personajes. El análisis sobre el contenido del discurso busca, antes que generar categorías comunes, describir aquella posición hacia el mundo desde la cual se enuncia la totalidad de lo dicho por los personajes. Al contrario, el tipo de discurso sí es pensado desde la generalización que puede realizarse desde el tipo de saber existente en tal discurso: Agresivo (niega el saber del otro), comunitario (busca afirmar un saber común, sin mayor particularidad que la coexistencia), identitario (afirma un saber puramente particular, inexistente en el otro de forma no violenta) y ancestral (afirma un saber puramente universal). Luego se analiza el nivel de inserción de los personajes en la comunidad –analizando, por ejemplo, qué tan lejos viven, si son representados como recién llegados, si se van al final del capítulo, etc. Tras ello, se describirá la ocupación de los personajes, y si las prácticas que realizan a lo largo del capítulo son o no tipificadas. Luego se analizará el tipo de sus prácticas, distinguiendo entre las vinculantes (se asocia al otro, sin considerar una previa diferencia), desvinculantes (se disocia del otro), identitarias (expone al otro su diferencia, sin buscar que éste la adopte) y expansivas (buscan que el otro las adopte). Finalmente, se analizan los valores o antivalores que representan los distintos personajes.

Argumentación: Esta dimensión refiere a la forma de justificación en dos planos: Uno particular y otro general. El primero justifica atribuciones positivas o negativas, a través de topoi utilizados para argumentar la valoración otorgada a la representación. En este sentido, desde un plano particular, nos interesa aquí buscar lugares comunes desde los cuáles puede justificarse, en la lógica de la narración, la predicación o atribución que se realiza sobre la diferencia –lo que se puede encontrar en los acontecimientos narrativos que tienen cabida en el episodio. Como análisis de plano general se busca comprender qué justifica la introducción de la diferencia. Esto refiere al tema fundamental del episodio cuando requiere de la diferencia para cumplir determinada función en la estructura del relato. Mientras allí se analiza cómo se introduce la diferencia en la historia, con el plano particular indagaremos cómo la historia aparece en la diferencia. Esto es, de qué forma la narración justifica los predicados cuyas categorías ya han sido descritas. El carácter particular de tal predicación nos ha llevado a no generalizar los distintos casos, a diferencia de lo realizado en el análisis del plano general –el cual se realiza desde los lugares comunes desde los que arrancan las narrativas (similares, por cierto, a los que pueden notarse en los clásicos cuentos infantiles e incluso de literatura para adultos): Crimen, viaje, memoria, tradición, crisis (desfamiliarización), competencia, poder, arribo y rutina (cuando aparece tal diferencia como parte de la cotidianidad, antes que como extraño).

Puesta en perspectiva (framing, enmarcado o representación del discurso): Buscaremos aquí el encuadre desde el cuál se representa la diferencia. Teniendo en cuenta atribuciones de orden estético, que otorguen indicios más bien contextuales a los elementos discursivos. Resultará importante aquí la referencia a la música (si refiere tipificadamente a la diferencia representada, si es intradiegética o extradiegética), los tipos de “planos”, el tipo de colores utilizados y el montaje o edición que adquiere una toma entre la anterior y la posterior. Es fundamental repetir que esto no debe considerarse un mero añadido a la narración, sino una dimensión constitutiva de la misma.

Intensificación, atenuación: Nos interesa aquí observar cómo se intensifica o atenúa lo atribuido en la representación mediante su rol en la narrativa del capítulo en cuestión. Así, nos interesará distinguir entre la representación de la diferencia que introduce el argumento, la que lo refuerza, la que resulta irrelevante, la que introduce la resolución y la que refuerza la resolución.

Cada representación de la diferencia será analizada desde estas distintas categorías y subcategorías, pudiendo poseer más de una respuesta por variable si así fuese necesario –dada la postulación de asumir la multiplicidad que compone la narrativa, antes que optar por subsumir ciertos contenidos en otros. También podría darse más de una por capítulo. Éstas serán abstraídas hacia categorías comunes, como las ya ejemplificadas, que permitan así comparar series y las posibles articulaciones conjuntas entre variables. Aquello permitirá comparar las series entre sí, así como hallar la existencia de distintos tipos de discursos sobre la diferencia. Ésta será comprendida como todo aquello que exponga algún tipo de alteridad a lo representado como normalidad por la serie –lo que será descrito en un próximo apartado, previo a los resultados, dada la necesidad de dar a conocer las series que comentamos antes de comentar los resultados surgidos del análisis que hemos realizado de ellas.

El material analizado se compone de distintos capítulos de las series Pulentos, Diego y Glot, El ojo del Gato y Walala[1].

Resultados parciales

El ojo del gato[2]

La historia se sitúa en Valparaíso, ciudad cuyos lugares emblemáticos (puerto, ascensores, cerros) son mostrados recurrentemente. Fundamentalmente, se orienta en torno a la existencia de una Iglesia en la cual los personajes desarrollan obras de beneficiencia. Tales actos son maníqueamente contrapuestos a los de sus antagonistas, quienes son malvados delincuentes que son derrotados, capítulo tras capítulo, a través de la violencia. Son inexistentes los personajes “neutros” dentro de tal conflicto, al punto que la ciudad parece deshabitada al margen de los personajes. Incluso crímenes tan visibles como el robo de una estatua sobre una camioneta resultan impunes al reproche de la ley o del resto de la comunidad, debiendo así ser necesariamente enmendados por el superhéroe que protagoniza la serie. Aquello es fundamentado por el origen mítico de la historia. Ésta se basa en los poderes que otorga al héroe un medallón perteneciente a una estatua de la diosa egipcia Bastep, la cual es legada al personaje en la muerte de sus padres, producido por el hundimiento de un barco del cual milagrosamente se salva. Por medio de este don el héroe se transforman en un ser con habilidades semejantes a las de un felino, y así lleva acabo su misión de mantener Valparaíso a salvo, sin revelar tal identidad a quienes habitan tal ciudad. Es interesante la constante utilización de figuras humanas animalizadas en la serie, desde los nombres de los personajes (Gato, Ánguila) como en sus destrezas físicas. En tal sentido, la comunidad imaginada es la de un grupo de buenas personas de distintas edades, constantemente amenazadas por la inmotivada maldad de quienes asedian la ciudad y la iglesia, cuya presencia patrimonial es contrapuesta a un deseo de saqueo que sólo puede ser refrenado por la foránea fuerza apropiada por un joven habitante de la ciudad. En tal sentido, no sólo toda persona que no sea personaje es diferente, sino que además suele serlo de forma problemática –y, generalmente, antagonista.

Dentro de los cinco capítulos revisados para esta parte del análisis, son sólo tres las diferencias representadas. Si bien aquello no resta validez ni relevancia a lo indagado, exige una mayor cautela en lo que refiere a las posibilidades de comparar o concluir estrategias discursivas de mayor generalidad en torno a esta serie, las que serán realizadas al integrarlas a la comparación final. Aquello, igualmente, nos ha impedido analizar las relaciones existentes entre dos variables respecto a cierta diferencia particular. Todas las diferencias presentadas son representadas a través de personajes: Dos de ellos son del Primer Mundo (Irlanda), y una propia de Chile (marginalidad urbana). La función narrativa de todos es la de ser antagonistas, y sólo uno carece de personalidad malvada. Todos poseen cierta tipificación física, en particular el delincuente chileno, cuyo nombre también posee tal característica (el “Siete manos”), y ninguno de ellos posee un tono de voz tipificado. Los malvados poseen un discurso agresivo, de contenido violento –en un caso es esclavista, en el otro amenazante. Los tres personajes están poco insertos en la comunidad imaginada de los personajes, y sus prácticas son desvinculantes en torno a ellos. Quienes poseen una psicología malvada –además del ya nombrado delincuente, Francis Drake– representan a la maldad y realizan prácticas tipificadas. El otro personaje, a la libertad –tratándose de un caso bastante raro, puesto que es un esqueleto de ambivalente personalidad que recuerda lastimeramente su antigua existencia pero se transforma en un agresivo defensor del oro cuando éste aparece a su presencia. El plano general de argumentación en el cual aparecen siempre es el del crimen. La presentación estética no es particularmente compleja: Siempre se presentan desde primer plano, lo que permite enfatizar la diferencia entre su individualidad y el lugar. Y con colores realistas, sin música alguna. Pero en el caso de Francis Drake y su esclavo esto es presentado desde un racconto que expone imágenes históricas a modo de dibujo, distintas a las imágenes tridimensionales que normalmente aparecen en la serie. Mientras los personajes malvados introducen problemas, el esquelético espadachín Cornelio refuerza la solución, tras haber resultado problemático dado su cuasiesquizofrenizante hechizo. En tal sentido, resultan escasas y conflictivas las presentaciones de personajes exteriores a la cultura representada por los límites imaginarios de los personajes. Incluso el personaje bueno se vuelve malo por la influencia que mantiene lo foráneo a Valparaíso en su constitución presente. La diferencia sólo aparece encarnada a través de episódicos personajes, sin aparecer en la cotidianidad como costumbre o artefacto, o incluso como lugar. Al contrario, el lugar es siempre el mismo, y resguardado por los personajes ante las amenazas de quienes amenazan su orden desde afuera de Valparaíso, o incluso desde adentro al situarse al margen del orden normativo de los personajes. Son pocos los desconocidos en la serie, y negativos éstos cuando representan cierta diferencia, recalcada por la estética de personajes simples. En todo caso, en esta serie el remarque de la diferencia aparece por la moralidad de los personajes antes que por su diferencia étnica o cultural. Esto es, son más “malos malos” que “irlandeses irlandeses”, pero todo personaje distinto a la comunidad imaginada representa –al menos, en cierta medida– cierta maldad.

Pulentos[3]

La serie se trata de un grupo de jóvenes músicos que se conocen en una recién inaugurada villa santiaguina, liderados por un par de hermanos que llegan de Nueva York con las nuevas tendencias hip–hop. Generan un grupo cuyo nombre es el de la serie. No existe gran diferencia de edad o costumbre entre los integrantes, representando más bien distintos estereotipos sobre la pubertad –el desanimado, el gordo, el despistado, el egoísta o la coqueta. Sólo resalta la diferencia con el padre de Walala, militar retirado que impone una severa disciplina a su hijo. No suelen aparecer otros familiares en la serie, centrándose exclusivamente en personajes que muy extrañamente se relacionan con otras personas. Incluso los animales que acompañan la acción carecen de comunicabilidad con ellos, y el único personaje barrial es antagónico a sus prácticas: La señora Mercedes. No aparece colegio alguno, ni tampoco zonas reconocibles de la ciudad. Cuando el grupo toca en otra zona, ésta tampoco aparece como tal –exceptuando el caso de Valparaíso. Antes bien, se nombra la ciudad donde será el recital, mas siempre aparece una misma masa indiferenciada de seguidores. La trama de los distintos capítulos refiere a acontecimientos que afectan a los integrantes de la banda, producidos por sus propias prácticas e interacciones. No se distinguen épocas del año ni aparecen narraciones motivadas por acontecimientos en la ciudad o el país. Las familias parecen ser de clase media–baja, con un consumo orientado fundamentalmente hacia productos populares en la juventud. Así, por ejemplo, en el refrigerador sólo aparecen bebidas y hamburguesas. Su forma de movilizarse es a través de la camioneta, utilizan muchísimo la televisión, las consolas de juegos de video y el computador, además se visten estilizadamente, al punto que uno de los personajes lleva una nariz de payaso todo el día. Pareciera ser entonces una profecía autocumplida el que la mayor inserción de la serie se haya realizado a través del consumo de productos de la misma –en particular, de sus discos musicales. En tal sentido, la comunidad imaginada por los personajes es la del pequeño grupo musical y las mascotas que les acompañan, en un lugar determinado (pero imposible de distinguir) y el tiempo en que transcurren las acciones, generalmente ceñido a un futuro recital. Es nula la diferencia cultural o étnica en su cotidianidad, exceptuando aquella que ha sido reapropiada por ellos musicalmente sin referencia alguna a cualquier posible tensión. Antes bien, la tensión pareciera estar entre tales personajes y una ciudad que, si fuese representada con pretensión de mayor realismo, difícilmente podría integrar a sus dinámicas a este grupo de jóvenes que sólo toca música y deambula sin necesidad de salir del barrio ni interactuar con otros.

Al igual que en la serie anterior, no se encuentran muchas manifestaciones de representaciones de diferencia: Sólo tres en los ocho capítulos revisados. Aquello parece deberse tanto al relativo aislamiento de los personajes en su villa como a la escasez de personajes episódicos que intervienen en la serie. Mas aquello, al igual que en la serie anterior, no resta importancia a lo que sí puede hallarse. Las diferencias corresponden a dos personajes y un lugar. Uno de los personajes corresponde a Mike, un antiguo amigo estadounidense de Barry que viene de visita; y el otro es el ratón femenino Brigitte antropomorfizado quien trabaja como vedette en Valparaíso. Este último es el lugar representado como diferente, mediante la única visita de la banda en la cual el lugar en que tocan es caracterizado. Los nombres de personajes se hallan tipificados –el primero como norteamericano y el segundo como cita de la vida marginal nocturna del puerto. El de la localidad, claro está, es verídico. Toda predicación por parte de los personajes se realiza desde la similitud, siendo negativa respecto a Mike y positiva en los otros casos. Aquello resulta interesante ya que demuestra cierta incapacidad en la serie de imaginar marcos distintos de referencias. Aquello no impide, por cierto, que Valparaíso sea representado como un lugar altamente diferente. Es poco su grado de naturaleza y alta la importancia de sus elementos, particularmente en lo que refiere a su particular configuración urbana. Tal ciudad representa peligro, al punto que los personajes son asaltados tras utilizar uno de sus ascensores –peligro que jamás es mostrado, por cierto, en Santiago. Con respecto a los personajes, ambos poseen un carácter malvado y un discurso agresivo: Burlón en el caso de Mike, y exigente en Brigitte ante quien ha seducido. La inserción de ambos es baja, sus valores son deshonestos y sus prácticas desvinculantes. Son distintos en el hecho de que la tipificación de Mike proviene de su tono, y las de Brigitte por sus prácticas –ya que su diferencia, al igual que su ciudad, remite antes a la diferencia puramente cultural existente en el centro de Chile, antes que a una diferencia étnica como la que se busca representar con Mike. Este último personaje es antagonista e introduce el problema, mientras que Brigitte lo refuerza como coantagonista. Es decir, la diferencia aparece siempre como causa de problemas sin siquiera otorgar los problemas para solucionarlos. En efecto, también Valparaíso como lugar introduce el problema. El plano general de argumentación de tal lugar y el personaje allí existente es el viaje, mientras el de Mike es el arribo. Es fundamental el hecho de que no cambie la valoración existente en ambos planos generales, pues aquello sí acontecerá en Diego & Glot. Finalmente, en los dos episodios que comentamos el enmarcamiento es realiza de forma estandarizada: Planos medios, colores realistas y montajes de continuidad. Sólo resalta el que  las imágenes de Valparaíso como fondo sean fotografías antes que diseños tridimensionales, cifrando allí un intento de mayor realismo al mostrar el paisaje urbano en el que se desarrolla la acción. En efecto, el capítulo se esfuerza por mostrar sus partes más importantes, al punto que la persecución a quien les roba permite mostrar los distintos lugares más conocidos de la ciudad sin resguardo alguno por la verosimilitud espacial de tal carrera. Sólo en la representación de Brigitte se utiliza la música, tipificada e intradiegética, en tanto recurso para recalcar su condición de mujer de cabaret. Esto último refuerza el carácter marginal del puerto, y el posterior desarrollo de tal historia lo problemático de la mezcla con aquel lugar. Pues aquella mujer embauca, para conseguir finas comidas, a Tom York, quien resultará finalmente golpeado por la real pareja de tal mujer –un ratón local agresivo y musculoso. También Mike muestra la necesidad de mantener lejana la diferencia. Pues destruye todo lo existente en la casa a la cual ha sido invitada, incluyendo las adolescentes esperanzas de Nea, a quien también engaña al representar ser su pareja ideal tras haber leído las características que ésta debía tener en el diario de la niña. Sobre el final del capítulo, necesariamente, es expulsado y se restituye la comunidad de los locales. Pues ésta, al igual que en la serie anterior, sólo recibe problemas por parte de aquello que exceda sus límites.

Walala[4]

Se trata de una reciente serie, consistente en un spin off de uno de los personajes de la serie recién descrita: Walala. El personaje debe ir a vivir a San Pedro de Atacama, acompañando a su padre en una misión militar. A diferencia de las otras series, en ésta los capítulos poseen un orden lineal –lo que no impide, claro está, que cada capítulo pueda comprenderse por sí solo. Básicamente, la serie trata de la progresiva integración del joven santiaguino a un lugar que primeramente considera aburrido y lento, en contraposición a la dinámica santiaguina vivida con sus amigos. No obstante, se hace de una amiga que le enseña a gozar con un lugar totalmente encantado, pletórico de ritos, paisajes y saberes ancestrales. La niña logra mediar entre ambos mundos al provenir de una familia compuesta por un bisabuelo chamán y un padre norteamericano arqueólogo, quienes conocen el lugar y sus tradiciones. Si bien son escasos los personajes representados, la representación es rica respecto a los lugares de la zona expuestos. Así, aparecen tanto paisajes como el Valle de la Luna como lugares de la ciudad, incluyendo la plaza y el museo Gustavo Le Paige. Cada capítulo se centra en mostrar algún lugar o costumbre en particular, mas siempre desde el extrañamiento del protagonista como punto de arranque. En tal sentido, la comunidad imaginaba del protagonista sigue siendo la santiaguina. De allí que todo se le revele como diferencia, pasando a lo largo del capítulo de la incomprensibilidad –acompañada, en ocasiones– del rechazo– a la familiarización con aquello que acontece en el lugar al que ha llegado. Lamentablemente, la serie se encuentra actualmente en curso, de forma tal que nuestra exposición de ella no puede ser menos tosca que la presente –y que, obviamente, desconocemos el desenlace que tendrá.

La serie otorga, con mucha mayor centralidad y reiteración que las otras estudiadas, amplio espacio a la presentación de la diferencia, trazando una clara diferencia con los personajes, lugares y costumbres que el protagonista conocía en la ciudad. De ahí que en sólo tres capítulos aparezcan nueve de aquellas representaciones. La riqueza simbólica de la serie nos permitirá ir sacando mayores conclusiones que en las anteriores por cada subdimensión analizada, para concluir con cierto análisis general de las diferencias representadas. Dos de éstas corresponden a costumbres, dos a un lugar y seis a personajes. Sólo en esta última subcategoría aparecen diferencias que no remiten a lo andino (esto es, diferencia existente en Chile), pudiendo hallarse ahí un personaje boliviano y otro estadounidense. Valga señalar que sólo se considero lugar cuando los personajes se han dirigido a un lugar distinto de San Pedro de Atacama, puesto que la serie transcurre en aquella localidad –podríamos decir, en efecto, construyendo cierta imagen de tal lugar, mediante la articulación de elementos narrativos que trascienden el puro espacio para desarrollar cierta invención de un paisaje cultural que no resulta puramente contenido en la naturaleza.

Los nombres utilizados, en general, no son tipificados. Aquello se explica porque en los casos de lugares se expresan nombres verídicos –manteniendo allí una constante en todas las series, las que buscan representar zonas efectivamente existentes cuando se trata de la diferencia existente en Chile; Y, en el caso de los personajes, muchas veces éstos son sustituidos por la nominación a través de su posición en la estructura familiar. Lo último resulta interesante ya que pareciera anular la posibilidad de individuación de los personajes, situándolos primeramente en un contexto familiar. En efecto, el único nombre tipificado de un personaje es de quien ya ha muerto. Se trata de la bisabuela Antahuara, quien le habla a Walala en un sueño, expresando allí un nombre vinculado a la cultura indígena existente en la región. En general, por tanto, la posible estrategia de tipificación es suplantada por la de la anulación del nombre. Las predicaciones son siempre realizadas por Walala, quien repite la misma dinámica predicativa sobre las diferencias en todos los capítulos: parte desde una posición citadina atribuyendo predicaciones negativas por similitud (tales como “aburrido” o “raro” siempre en comparación con sus intereses como adolescente de ciudad) para luego ser positivas por diferencia (“mágico”, “grande” o “raro” ahora connotando agradable asombro), mas siempre manteniendo una línea que lo separa de ellas, apreciándolas solamente en su virtud de estar al otro lado de la distinción. Lo presentado como desigual resultará, a la larga,  valioso. Esto se refleja especialmente en las costumbres, de las cuales Walala logra progresivamente apropiarse –al punto que replica las dinámicas de reciprocidad que aquellas representan en su relación con su amiga- sin alcanzar una inserción alta en tales prácticas. Su posición, ante el rito oficial, es siempre el de un observador que disfruta sin participar ni comprender totalmente lo avistado.

Los dos lugares –Licancabur y el Valle de la Luna- son presentados como altamente distintos en virtud de su grado de naturaleza, pese a la inexistencia de elementos culturales importantes que remarquen tal distancia. Es decir, son representados primeramente como paisajes. La apropiación social de ellos no viene por el asentamiento, sino por mantenerlos en tal grado de naturaleza para otorgarle cierta significación referente a la tradición, la cual no puede manifestarse en el pueblo. En el caso de Licancabur, como lugar ritual; En el del Valle de la Luna, como espacio en el cual la niña recuerda a su difunta bisabuela, reencontrándose simbólicamente con ella tras la imposibilidad del duelo en la ciudad. Los personajes suelen ser psicológicamente tranquilos, a excepción de la personalidad segura de sí del equeco[5] boliviano Don José y el carácter amable del arqueólogo estadounidense cuya hija es la amiga de Walala. También estos dos últimos son los únicos tipificados de ropa, cuerpo y –exclusivamente, en el caso del arribado del Primer Mundo- tono. Este último también resulta la única excepción a una enunciación identitaria –cuyo sabio contenido transmite los saberes específicos de la cultura. Pues su discurso, de enunciación comunitaria, posee un contenido integrador. Su inserción social también es menor que la del resto de los personajes, pues es la única cuyo grado es medio y no alto. Hemos considerado aquello dada la importancia del plano ritual en la serie, del cual tal personaje se halla más lejano (situándose como mero observador) pese a vivir con quienes llevan a cabo tales ritos. Su discurso integrador busca, por tanto, mediar en la posible inclusión de Walala desde ser un total extraño a ser un sujeto capaz de comprender y respetar aquello de lo cual, igual que él, no puede participar. Y pareciera que su profesión de arqueólogo ratificase aquello, al tratarse de un saber proveniente de la ciudad para rescatar una tradición de la cual no participa. Aquello se contrapone, claro está, a ser chamán (bisabuelo) y equeco (Don José). Sólo sus prácticas son vinculantes, mientras que las de los restantes son personajes son expansivas, al punto de presentar prácticas mágicas como normativas. Resulta allí decidora la escena en la que el bisabuelo obliga a la niña a donar al cerro el regalo que Walala acaba de realizarle, pese a que ella quería guardarlo. Obviamente, el cerro le devolverá instantáneamente algo, confirmando así la reciprocidad en tal circuito de dones entre los personajes del presente y el lugar de la tradición.

Las prácticas de todos los personajes son tipificadas, y el rol narrativo de todos es ser coprotagonista –salvo la bisabuela que aparece en un sueño, quien por estar muerta no podría acompañar la acción, pero sí la posibilita. Aquello nos permite comprender que todos los personajes distintos lo son profundamente y que esto siempre es positivo para el personaje. Existe un claro contraste, en ello, con las series anteriores. En efecto, los valores representados por los personajes también son positivos. En la mayoría de los casos, es la sabiduría. También aparece la generosidad (Antahuara y Don José) y la tolerancia (norteamericano). Es decir, quienes son parte de la comunidad transmiten su saber, quienes se presentan en ella sin habitarla presencialmente donan al recién llegado tal posibilidad y quien la habita sin poder integrarse representa la posibilidad de respetar y valorar su diferencia, remarcándose así el carácter solemne de un San Pedro de Atacama ajeno al turismo o a cualquier discurso que niegue su milenario saber atacameño. El plano general de argumentación privilegiado es la tradición, el cual aparece en lugares, costumbres y personajes. Esto sólo se exceptúa en los casos de quien arriba (Don José, Antahuara y el norteamericano) o de la necesidad de viajar (a San Pedro), mas en casi todos aquellos casos lo arribado o visitado también se liga a la tradición cultural de la zona –como puede observarse a través de los planos particulares de argumentación, los que remiten a magia, donación o sabiduría, siendo nuevamente una excepción el arqueólogo. Así, quienes no son parte de tal comunidad igualmente expresan sus valores. Es decir, salvo en el caso del estadounidense, no se remarca la diferencia entre el adentro y el afuera de tal zona. Y, en tal caso, ésta se sitúa hiperbólicamente entre el interior y el exterior de tal cultura, antes que en determinado lugar. De ahí que el estadounidense no pueda integrarse a ella totalmente, siendo junto a Walala los únicos casos en los que el provenir del exterior impide la total inclusión. Aquello, claro está, contrasta con el caso del personaje boliviano, configurándose allí cierta idea de lo andino como espacio cultural translocal que trasciende las fronteras nacionales.

La utilización de la música en la serie es constante, a través de música tipificadamente andina de carácter extradiegético. Ésta enmarca la atmósfera en la que ocurre la acción en distintos momentos de los capítulos –fundamentalmente, era de esperarse, allí donde son presentados sus paisajes. La única excepción es la música que encuadra la aparición de Antahuara en un sueño, la cual remite antes a su carácter espectral que al contenido de su discurso, lo que puede justificarse dado lo anómalo de su aparición. También sus colores son allí tipificados, pero más por su imagen evanescente que por cierta particularidad étnica, ligándose también fundamentalmente a lo onírico. En el resto de los personajes, sólo el estadounidense es presentado con colores tipificados, acaso remarcando que es tan distinto a Walala como al lugar en el cual se sitúa la acción. Aquello contrasta con la forma de remarcar tal diferencia en el caso de Don José, lo cual se realiza mediante una toma de primer plano (tras la cual, por cierto, mágicamente desaparece). Así, mientras la diferencia primermundista es recalcada en la vestimenta, la similitud latinoamericana se presenta desde el cuerpo. Otras tomas que escapan al plano medio son aquellas mediante las cuales se presentan los lugares. A través de un plano de secuencia se muestra la belleza e infinitud de un paisaje que no varía, coherente con la clásica imagen de la imponente presencia del desierto. Por otra parte, el rito es expuesto desde un plano general que demuestra así, simultáneamente, al paisaje, los personajes y lo realizado. Aquello es fundamental, ya que enmarca el rito dentro del lugar que menta su sentido, desligándolo así de cualquier posible lectura desde la contingente voluntad de quienes lo realizan.        Las distintas diferencias y sus encarnaciones introducen tanto problemas como soluciones. Es claro que la diferencia andina soluciona, a través de cierta representación, los problemas que ha generado a través de otra. Por ejemplo, el Valle de la Luna soluciona el problema generado por la aparición de Antahuara en el sueño de Walala. Es interesante la excepción a tal lógica, situada nuevamente en los personajes provenientes de Estados Unidos y Bolivia. El primero de ellos sólo introduce solución, destacándose así el hecho de que es la cultura distinta la problemática para Walala. El segundo es la única diferencia que introduce, en el mismo capítulo, el problema y la solución. Es decir, resulta tan problemático que sólo él puede reordenar el orden simbólico que ha trastocado en Walala. Aquello pareciera, entonces, radicalizar su diferencia por el doble hecho de ser andino y boliviano.

En tal sentido, la serie no sólo presenta una imagen encantada de una comunidad de fuerte identidad y arcano saber a la cual no se puede integrar quien sea distinto a ella –siendo sólo posible la comprensión-, sino que además remarca que tal límite no se sigue ni de las fronteras nacionales ni de la voluntad por integrarse. Antes o después de vivir ya se es parte, o no, de tal comunidad cultural. A diferencia de las series anteriores, las representaciones varían dependiendo de la zona que representan: La diferencia chilena y latinoamericana aparece aquí de forma tan positiva como lejana, mediante un paisaje cultural invariable totalmente distinta, mientras que la del Primer Mundo resulta también positiva pero incapaz de integrarse a tal diferencia, siendo su rol el de la integración entre Santiago y San Pedro de Atacama. Aquello contrasta, fuertemente, con los resultados revelados por el análisis de la siguiente serie.

Diego & Glot[6]

Diego y Glot presenta las historias de un grupo de niños, acompañado por el perro del protagonista, en distintos espacios barriales. En particular, el liceo, la plaza y el concurrido hogar del protagonista, entre los cuales suelen movilizarse a través de bicicletas en una localización cercana –según se muestra– al centro de Santiago. Impera indicar la insistencia de presentar tales espacios desde una noción comunitaria del habitar un lugar común, cifrado tanto en personajes que refuerzan aquello (el vendedor del kiosko, el almacén, el vagabundo amable con los niños) como en el mutuo reconocimiento existente entre todos los personajes. Varios de ellos son explícitamente extranjeros, y se hallan igualmente insertos en tales dinámicas comunitarias. En efecto, son criticadas las lógicas que atentan contra la vida barrial, tales como las grandes cadenas de supermercados (a través de la constante estereotipación de la avara y oportunista cadena de supermercados “Avasallador”) o el aislamiento producido por dinámicas individualistas que deciden tener los personajes en algunos de sus capítulos, las cual siempre se revelan como erróneo al finalizar el capítulo.             La serie muestra una familia que podría pensarse como de clase media profesional, la cual goza de tranquilidad económica pero carece de lujos. Es interesante la constante exposición de lugares y costumbres ligados a cierto imaginario de cotidianidad de la clase media, tales como el consumo de marraqueta o la asistencia a la Feria. En tal sentido, la serie expone de distintos elementos también conocidos por el público chileno, tales como figuras televisivas y deportivas, así como menciones a los constantes fracasos de la selección chilena o exposiciones de la reciente historia política. Aquellos cohabitan, por cierto, con apropiaciones de elementos de cierta cultura televisiva y musical, tanto nacional como global. Ahora bien, cuando éstos se insertan dentro del barrio mismo –por ejemplo, un lugar de videojuegos– son expuestos como quienes importan prácticas que degeneran la vida barrial.

En tal sentido, la serie configura cierto imaginario de lo “chileno” inserto en un contexto global, mas rescatando la chance comunitaria en torno a un barrio que se presenta aislado –aunque cercano– de la dinámica de la gran ciudad. Lo exógeno al barrio es, generalmente, bien recibido –pero su diferencia se remarca, y tras el capítulo nada queda. Aquello es posibilitado por narrativa autocontenido de los capítulos de la serie, que permite a cada episodio partir desde el punto cero correspondiente al estado de normalidad de la comunidad imaginada y concluir sin alterar posteriormente tal posibilidad. Los conflictos no suelan poseer altos niveles de antagonismo –mucho menos de violencia–, sino que suelan referir a problemáticas surgidas en las tramas cotidianas de quienes allí habitan, varias de las cuales terminan en eventos en los cuales aparece la comunidad celebrándose. Así, la comunidad imaginada en la serie es la de los conocidos en el contexto de un barrio de cohabitación tranquila y alegre. Lo que aparece como diferente no resulta siempre exógeno tal barrio que habitan los personajes. Pues las relaciones trazadas en aquel barrio incluyen, en efecto, el contacto con personajes cuyo carácter extranjero es explícito (Don Paco, un comerciante español, y Chang, el longevo dueño del restaurant chino Manjales Fumanchú). La serie suele mostrar un paisaje habitado también por personajes desconocidos cuya presencia no deviene problemática, cuyas calles suelen poseer distintos tipos de publicidad y mensaje. Es interesante, en tal intento de realismo, la constante presentación del transporte público y de carabineros, los que forman parte del paisaje antes que de las historias de los personajes.

La descripción de esta serie no sólo resulta más extensa por tratarse de la cual pudimos acceder a más capítulos (17), sino también porque la mayoría de ellos otorgó datos relevantes para nuestra investigación. En particular, en lo que respecta a la primera temporada. En total, son 53 las representaciones allí halladas, lo que nos permitirá hacer un análisis más complejo, fundamentalmente en lo que refiere a la representación de Chile, Oriente y el Primer Mundo. La escasez de representaciones de la categoría “Otros” –el paisaje africano, una bailarina negra y una acróbata eslava– torna imposible su análisis, siendo así incluidos en la reflexión tales casos sólo cuando revelen particular interés. Las conclusiones irán realizándose desde las distintas dimensiones, tanto por la dificultad de recordar todo lo descrito al final de esta sección como porque la realización de conclusiones generales sobre tantas y tan variadas impediría aprovechar la real productividad interpretativa que ofrece cada cual por separada. Los nombres utilizados en la serie tipifican más a los extranjeros que a los chilenos, tanto en lo referente a personajes como a lugares. Los personajes anónimos, por su parte, aparecen en las distintas regiones representadas: El padre del pescador, los niños en situación de calle, la gitana, el mafioso italiano, el criminal estadounidense y el melancólico humorista argentino carecen de nombre. Las presencias de la diferencia, al contrario, sí varían considerablemente al tratarse de distintas regiones. En el caso chileno, éstas suelen mostrarse simultáneamente encarnadas en lugares, personajes y costumbres. Aquello acontece con chilotes, mapuches y pescadores. Los niños en situación de calle también se encarnan en personaje y costumbres, mas no en lugares pues su particularidad precisamente se cifra en su ausencia de lugar propio –lo que es mostrado, acaso mostrándose su lugar como ausencia de territorio. Sólo la gitana aparece como puro personaje. En lo que refiere a Latinoamérica, al contrario, tales representaciones son menos complejas. Oriente, por su parte, es representado fundamentalmente como costumbre y lugar, y más casualmente como personaje –además de Chang, quien resulta un personaje usual en la serie, aparece en una ocasión un personaje japonés. A la inversa, en el Primer Mundo la primacía en la representación es la de personajes. Incluso un personaje usual, como Don Paco, carece de lugar o costumbre alguno que recalque su diferencia. Tampoco la representación de Italia o Estados Unidos trasciende cierto personaje, a la diferencia de “lo francés” que sólo aparece, en una ocasión, como costumbre.

La predicación por parte de los personajes a las diferencias representadas es mucho más profusa en Chile –en particular, en lo referente a Chiloé (embrujado, mitológico e inmejorable se considera el lugar, y bruja su personaje) y el circo (extraño, nómade, sacrificado). De mapuches, pescadores y niños en situación de calle se dice algo menos. La predicación realizada de estos dos últimos grupos es positiva por similitud (particularmente, por el valor que encarnan), mientras que las que refieren al resto de las diferencias representadas –las que remiten a compatriotas que no habitan Santiago– son destacados por su diferencia. Sobre la gitana, por cierto, nada se dice. Lo mismo acontece con el personaje argentino, mientras que Paraguay es destacado como positivo por su diferencia, consistente en su carácter bicultural. Con respecto a Oriente, es poco lo que se predica. Cuando aquello acontece, es valorado positivamente por su similitud y negativamente por su diferencia. Lo destacado es, precisamente, el ser reconocido por la comunidad. Sobre los personajes representados del Primer Mundo tampoco es mucho lo dicho, salvo la predicación de la mujer alemana como autoritaria. Así, resulta negativa por similitud. Este último contraste para con la diferencia oriental resulta interesante, puesto que deja entrever que lo remitente a esta última cultura resulta problemático al resultar muy distinta, mientras que lo europeo puede serlo por lo mismo que lo sería alguien perteneciente a la propia cultura.       La representación de lugares chilenos recalca la diferencia allí existente. En el caso de Chiloé y de las tierras mapuches aquello surge desde el alto grado de naturaleza demostrado, la importancia de los elementos que configuran la diferencia y la profundidad de esta última respecto a la comunidad imaginada por los personajes. Incluso en el caso de los pescadores de la ciudad estas dos últimas variables demuestran una alta diferencia, aún cuando el grado de naturaleza allí existente sea bajo. El paisaje paraguayo, por su parte, posee un alto grado de naturaleza y de diferencia, mas sus elementos no parecen configurar una importancia con tan alto grado. Lo último resulta importante, al cifrar la diferencia del lugar por su geografía antes que por un desarrollo cultural distinto, montando así la representación de un país cuya naturalización ni siquiera alcanza a la de sus prácticas –lo que no acontece al exponer la diferencia existente en Chile, ni siquiera cuando ésta aparece fuera de un contexto urbano. La estrategia inversa es la utilizada para representar la diferencia proveniente de Oriente. Esta siempre remite a China. Por un lado, el restaurant de Chang–, el cual es altamente diferente, cifrándose aquello sólo en sus elementos. Pues se trata de un lugar carente de naturaleza alguna. La otra representación de aquella zona encarnada en cierto lugar remite a Japón, el cual resulta altamente distinto tanto por su naturaleza como por su cultura –al punto que allí aparece, como temporera, Candy. El Primer Mundo carece de representaciones propias de paisajes, a diferencia de África. Pues la única presencia de tal zona es como un paisaje de alta diferencia de naturaleza y cultura, y también en lo simbolizado. Pues aparece como un lugar de radical subdesarrollo, totalmente distinto a cualquiera de los otros lugares. Pues incluso cuando éste remite a algo penoso, como el proceso de cultivo mostrado en Japón, aquello simboliza el trabajo que al menos connota cierta actividad y no la pura espera de un desarrollo que no llegará. También las representaciones de la diferencia china remiten al trabajo, pero también a la tranquilidad y la suciedad. Esto último puede contraponerse a los lugares chilenos, los que sólo simbolizan valores positivos: Magia (Chiloé) y Tradición (mapuches, pescadores). Lo mismo puede decirse de Paraguay, lugar que simboliza la tolerancia propia de un país bilingüe.

La representación mediante artefactos resulta muy escasa. Son sólo dos los objetos en esta serie –y ninguno, por cierto, en las otras estudiadas. Ambos remiten a diferencias existentes en Chile: Una deteriorada bandera mapuche altamente integrada al universo simbólico de los personajes pero de escasa relevancia en el capítulo, la cual representa juventud; Y un bote chilote poco integrado a tal universo pero importante en la historia, cuya fantasmagórica ambivalencia representa la magia del lugar. No introducen problema ni solución, a diferencia de la capacidad narrativa de los lugares de introducir problemas –y de los personajes y costumbres de introducir o reforzar problemas y soluciones. La representación a través de personajes requiere, a diferencia de la anterior, una muy larga descripción. La única posibilidad de que ésta pueda ser leída sin caer en confusiones es comparando a los personajes unitariamente, antes que contrastando las múltiples dimensiones que los constituyen. La personaje chilota es una amable coprotagonista, de expansivas prácticas. Su ropa y cuerpo es tipificada, y su discurso es de tipo ancestral –el único con tal característica que no resulta oriental– y contenido ecologista. Representa el valor de la sabiduría. El personaje mapuche es amable y episódico, tipificado de ropa y cuerpo. Sus prácticas son identitarias. Enuncia un discurso identitario de contenido integrador, cuyo principal valor es la generosidad, al igual que los niños en situación de calle son protagonistas. Sus prácticas son vinculantes. La psicología de estos últimos se cifra en la seguridad de sí. Su ropa y cuerpo es tipificada. Enuncian un discurso identitario cuyo contenido destaca la posibilidad de poseer familiar. Los personajes que provienen de una familia de pescadores son un protagonista y coprotagonista. Ambos son psicológicamente seguros de sí y expresan un contenido responsable en su discurso. Difieren en que el menor de los personajes representa la valentía, un discurso de tipo comunitario y prácticas vinculantes, mientras que su padre representa el esfuerzo, a través de un discurso tipológicamente identitario, prácticas identitarias y una mayor tipificación en lo que refiere a su cuerpo. Finalmente, la gitana es un personaje episódica, de cuerpo y ropa tipificada. Enuncia un discurso agresivo de contenido tramposo, representando así la deshonestidad. Es el único personaje que no representa al Primer Mundo que expone tal tipo de discurso y valor. El resto de los personajes, como se deja entrever, expresan valores positivos. Aquellos que habitan fuera de Santiago representan valores que que contrastan, en aquellos capítulos, con su ausencia en la ciudad. Con quienes se comparte ciudad, al contrario, representan valores ausentes en los personajes y  no en la ciudad. Es interesante que estos últimos resultan seguros de sí, mientras que los habitantes de regiones poseen características más bien amables. Es decir, en su relación con el otro buscan integrarlo  antes que presentar fuertemente su identidad (lo cual no impide, como se verá, que su enunciación surja identitariamente), lo cual entonces sólo parece posible cuando la diferencia no es tan radical –al menos, en lo que refiere al lugar donde se habita. En todos los casos –incluyendo la gitana– la inserción es baja y la tipificación de ropa y cuerpo alta –además del tono de voz, tipificado en todos los personajes de las cuatro zonas que describimos (la única excepción corresponde a la personaje eslava).

Latinoamérica sólo se halla presentado por un episódico comediante argentino de comunitaria enunciación, nostálgico discurso e inseguridad psicológica. Su cuerpo y ropa no se hallan tipificados. Representa la decadencia, a través de prácticas no tipificadas y de carácter identitaria. Es claro que de un solo caso no podemos extraer grandes conclusiones, mas resulta interesante el que se trate de la única representación de una diferencia que no puede afirmarse a sí más allá de lo lastimero (pues el otro personaje psicológicamente inseguro, al menos, expone indiscutiblemente la vigencia de su particularidad), al punto que su inserción comunitaria es baja pese a que su discurso busca afirmar tal figura.           La representación de Oriente a través de sus personajes posee dos casos. El primero, claro está, es Chang. Dependiendo del capítulo en cuestión varía lo mostrado por su personaje, en torno a las características que lo constituyen como tal. Resulta coprotagonista o episódico, de personalidad amable o tranquila, dependiendo de lo necesitado. Su cuerpo está tipificado y, sólo en una ocasión, también su ropa. Su discurso cambia su contenido en torno al proverbio necesario para el capítulo. Así, éste adopta un contenido nostálgico, sabio, orientador o incluso progresista. Tal variabilidad no le impide mantener un tipo de enunciación ancestral, siendo el único personaje de aquella característica en la ciudad. Se halla muy inserto en la comunidad, sus prácticas son vinculantes y representa valores generosidad, integridad y, más reiteradamente, tranquilidad. Aquello contrasta claramente con el personaje japonés representado, quien resulta un malvado antagonista de tipificado cuerpo, agresivo discurso de contenido empresarial, baja inserción comunitaria y desvinculantes prácticas. Representa el valor de la deshonestidad. Tal contraste no impide el que se mantenga la representación de personas orientales como comerciantes, pese a que quien remite a Japón posee características más similares a lo representado como el Primer Mundo que como Oriente.

La única excepción a tal representación del Primer Mundo proviene de Don Paco. Pese a que su importancia siempre resulta episódica, es miembro directo de la comunidad. Es un personaje psicológicamente seguro de sí. Su alto grado de inclusión es coherente con el carácter vinculante de sus prácticas y la enunciación comunitaria de su discurso, el cual adopta contenidos críticos o conservadores, dependiendo del tema. Es el más preocupado por la justicia, aunque posee prácticas deshonestas en una ocasión, al transmitir chismes. Es el único personaje cuyas prácticas no son tipificadas, remarcándose su filiación hispana exclusivamente en su acento, cuerpo y ropa. Esto último se replica en los otros personajes europeos, cuya tipificación mediante la vestimenta es mucho mayor que en las otras zonas representadas –lo que revista amplio interés, al otorgar un mayor componente cultural a lo naturalizado. Son dos los personajes estadounidenses en la serie. Uno es un malvado antagonista, de discurso agresivo de contenido empresarial. Su psicología es malvada y escasa inserción. Se trata de un traficante de animales, de desvinculantes prácticas que representan la deshonestidad. El otro es tan episódico que resulta difícil analizar su discurso, pues sólo aparece sin poder comprender lo preguntado por Smirna, dado su desconocimiento del español. Mas aquello no impide que aparezca tipificado de ropa y cuerpo, representando cierta desorientación. Los personajes italianos resultan más parecidos al primero de aquellos personajes. Ambos llevan a cabo prácticas desvinculantes mediante una enunciación malvada propia de un discurso de contenido mafioso. Representan la deshonestidad y su inserción social es baja, al igual que todos los personajes representativos del Primer Mundo –a excepción de Don Paco, quien ya es parte de la comunidad de los personajes. Los personajes malos vienen siempre desde afuera. Aquello acontece también con la violenta y rígida Helga, alemana que llega a hacer el servicio doméstico. Su discurso es agresivo, y de contenido autoritario. Es el único personaje de la zona cuyas prácticas buscan ser expansivas. Lo contrario acontece con su ex–novio Hans, quien se escapa de ella y del mundo. De ahí que sus prácticas sean desvinculantes, desde una psicología insegura de sí. Representa la cobardía ante el autoritarismo simbolizado por aquella mujer. Es interesante que incluso este último caso se halle escasamente inserto, y enuncie un discurso identitario. Es decir, el único personaje realmente positivo e inserto es quien posee un discurso comunitario, mientras que aquellos que buscan exponer o imponer su identidad a la comunidad a la que arriban son siempre representados como antagonistas a ella –o, en el mejor de los casos, hombres que se hallan allí, momentáneamente, perdidos. Tampoco deja de resultar sorprendente el que los únicos extranjeros integrados sean comerciantes, representando así limitadamente las posibilidades de inclusión laboral.

Finalmente, resulta interesante mencionar la existencia de dos personajes que no remiten a ninguna de las zonas mencionadas. Por un lado, la ya mencionada acróbata eslava Svletana. Es una coprotagonista psicológicamente amable, tipificada mediante un cuerpo concebido por los niños como particularmente sensual. Es importante para la historia, pese a hallarse poco inserta en la comunidad. Aún siendo un personaje positivo, coexiste en ella una enunciación identitaria con la imposibilidad de inclusión a la comunidad –al igual, claro está, que la representación positiva de quienes habitan otras zonas chilenas. Por otra parte, aparece fugazmente una voluptuosa bailarina negra, en un montaje de memoria sobre festiva promiscuidad. Carece de nombre o discurso y, con ello, de la posibilidad de justificar u objetar tal estereotipo.       Por su parte, las costumbres que representa la diferencia chilena resultan todas muy relevantes para la narrativa de cada capítulo, y ninguna de ellas se halla altamente inserta en la vida de los personajes. En efecto, salvo la mediana inserción de las costumbres circenses, el resto de las costumbres posee un bajo grado de inserción. Son distintos sus tipos y grados de apropiación por parte de los personajes. En Chiloé, se trata de costumbres culinarias que representan la comunidad. Su grado de apropiación, por parte de Diego y sus amigos, resulta alta. Las costumbres laborales de los pescadores, remitentes al trabajo (incluyendo el trabajo infantil), no logran ser apropiadas por Danilo. Tampoco las precarias costumbres sociales de “la gente del circo” son apropiadas por los personajes, al igual que las costumbres domésticas de los niños en situación de calle –igualmente símbolos de pobreza, al retratar lo inhospitalario de la vida en la calle. Mas de estos últimos sí logran apropiarse sus costumbres musicales, consistentes en el canto de su hip–hop, a través del cual representan su orgullo. En tal sentido, aquello que resulta placentero en la diferencia es apropiado por los personajes, mas no logra acontecer lo contrario con lo que remite a la dureza expuesta sobre ciertas condiciones de vida. Las costumbres asiáticas, por su parte, importan poco en el desarrollo de las historias en las que aparecen. Su carácter y simbolización, la que escribiremos entre paréntesis, resulta variada: Costumbres económicas persas (comercio), costumbres políticas indistinguidamente orientales (autoritarismo), costumbres culinarias japonesas (tranquilidad) y costumbres culinarias chinas (suciedad) y costumbres espirituales krishnas e indistinguidamente orientales (tranquilidad). Sólo son apropiadas por los personajes e insertas en la comunidad estas últimas dos, y aquellas que refieren al restaurante que ya conocen. Es decir, el Oriente espiritual y el conocido en Chile se integran al universo social y semántico de los personajes, situándose el Oriente “real” y el desconocido siempre como una realidad desconocida que no amerita ser conocida. Finalmente, el Primer Mundo sólo es representado como costumbres sociales francesas (amor) y costumbres de vestir alemanas (autoritarismo). Ambas son poco relevantes en la historia y poco insertas en la comunidad, mas esto último no impide que sean apropiadas –al igual que las chilenas. Mas, a diferencia de estas últimas, incluso aquellas que no son del gusto de los personajes resultan apropiadas. Es decir, toda costumbre del Primer Mundo termina siendo parte de los personajes, incluso cuando éstos no lo desean. Aquello parece coherente con la lógica con la que, según ya se ha descrito, es representado el Primer Mundo como espacio cuyas prácticas buscan expandirse incluso al cuerpo de los personajes.

La articulación temática de la diferencia, mediante un plano general de argumentación, nos permite volver al análisis general de las distintas diferencias sin importar si se trata de lugar, personaje o costumbres. El plano general de argumentación privilegiado para insertar a la diferencia en Chile es el viaje. Incluso desde allí surgen los pescadores –al igual, era de esperarse, que mapuches y chilotes. Los niños en situación de calle surgen igualmente en torno a aquello, pero también desde la idea de crisis. En tal sentido, la diferencia chilena aparece en la medida que los personajes salen de su comunidad imaginaria. Sólo aparece en ella, sin tal gesto previo, como crimen. Se trata, claro está, de la representación de la gitana. Latinoamérica, por su parte, surge desde los planos que refieren a la crisis o la tradición. Así, puede quizás esbozarse desde allí cierta idea de la zona como problemática a la modernización, exponiendo lo positivo de la mantención de su tradición (permanencia de la lengua guaraní en Paraguay) y lo negativo de su modernización telecomunicacional (desempleo del antiguo comediante estrella). Por su parte, la representación de Oriente suele surgir en contextos de crisis –tanto en el caso de China como de Hare Krishna. También memoria y tradición son planos de argumentación importantes. Es interesante que sea la única zona que tematiza discriminación, a través del prejuicioso cuestionamiento a los ingredientes con los que cocina Chang, los que se revelarán como limpios sobre el final de la historia. Los planos argumentativos de crisis y memoria también son relevantes para la representación de Japón. En tal sentido, Oriente suele ingresar a la historia por la ausencia de cierto saber en el presente, ora por la desorientación ora por su rememoración. La introducción de representaciones del Primer Mundo aparece argumentada de diferentes formas: España –y, minoritariamente, Alemania– desde la rutina, Estados Unidos desde crimen y crisis, Italia desde el crimen, Francia desde la memoria y Alemania desde el arribo y el poder. Se trata, por cierto, de historias que los protagonistas padecen, en el sentido de que la acción ante la cual se encuentran tal diferencia jamás surge de ellos. En tal sentido, si la diferencia chilena surge de una búsqueda fuera de la propia comunidad y la oriental fuera de la propia subjetividad, la del Primer Mundo aparece sin la previa voluntad de los personajes.

También resulta relevante el diferenciado uso de la música en la serie. Ésta aparece con particular énfasis en Chile, contribuyendo a presentar su diferencia desde un encuadre dotado de mayor encanto. Y una mayor apropiación, puesto que en muchas ocasiones la música resulta intradiegética: Chiloé, pescadores, niños en situación de calle). Mientras en los dos últimos casos ésta resulta tipificada –al igual que la música extradiegética que acompaña la representación de lo mapuche–, en Chiloé ésta no lo es. Es decir, los propios personajes otorgan música al lugar, la cual tocan junto a la protagonista que ha jugado el rol de mediación entre el lugar y su integración. Latinoamérica, al contrario, carece de música. A la inversa, la diferencia oriental suele surgir desde la música tipificada extradiegética –y no sólo el caso de Chang. Lo último resulta fundamental para pensar la estereotipación, ya que tal música naturaliza el vínculo entre personaje, lugar y práctica al punto de acompañar la acción sin surgir de ella. Tal tipo de música se utiliza tipificadamente también para representar al mafioso italiano (música de El Padrino), y de forma no tipificada para el estadounidense. Lo último resulta interesante de ser contrastado con la utilización de música para representar a Oriente, remarcándose así esta última zona como poseedora de una identidad más clara y delimitada que un Primer Mundo cuya música no resulta, de antemano, sellada. También es destacable el hecho de que casi exclusivamente la diferencia chilena cante –siendo la única excepción la ridícula vocalización de la tonada alpina por parte de Helga. Así, ésta logra presentarse de forma más viva y alegre por quienes logran conocerla. Algo similar acontece con los planos utilizados para representar la diferencia. Pues para representar la existente en Chile es cuando más se utilizan planos distintos al medio: Primer plano en Chiloé y los mapuches, general de contrapicada para los niños en situación de calle y secuencia para representar a los pescadores. Al contrario, cuando lo latinoamericano y oriental surge de forma distinta al plano medio esto se lleva a cabo desde un plano general de argumentación. Lo mismo ocurre con lo representado del Primer Mundo. De tal forma, sólo la diferencia cultural chilena puede apreciarse más detallistamente, exponiendo allí su singularidad con mayor significación antes que la generalidad de un paisaje más difícil de distinguir, como el presentado a través del plano general de argumentación. En lo que refiere a los colores destaca, en la última línea, el particular colorido en la representación de Chiloé. También el paisaje mapuche resulta altamente tipificado en sus colores, mas no sus personajes. Lo mismo acontece con los pescadores, mientras que paisajes y personajes de la situación de calle es representada realistamente. Nuevamente se replica aquí la distinción entre quienes habitan Santiago y quienes viven en otras zonas, de las cuales se resalta estéticamente más el paisaje que sus personajes –cuya tipificación proviene antes de sus prácticas que por su color. Latinoamérica es expuesta desde colores realistas, mientras que Oriente combina colores realistas con otros tipificados. Similar ambivalencia existe ante el Primer Mundo, aunque prima la utilización de colores realistas. También en este punto resulta más difícil de tipificar el Primer Mundo, carente de paisajes y representado mediante personajes cuya tipificación proviene antes de su “cultura” que de su “naturaleza”. Son escasas las técnicas del montaje ajenas a la continuidad estándar, utilizándose ocasionalmente escenas extras, raccontos e incluso una especie de videoclip, sin particular relación entre las técnicas utilizadas y las diferencias representadas.

Finalmente, los roles narrativos también son distintos en torno a las respectivas zonas imaginadas. En Chile todas introducen soluciones al problema que moviliza el capítulo, incluso cuando éstas han introducido el problema. Sólo los gitanos no colaboran con la solución del problema, mas tampoco tienen la importancia necesaria para introducir el problema. Aquello permite comprender la atenuación de su carácter negativo, en contraposición a los antagonistas japoneses o del Primer Mundo. Aún cuando compartan características, su maldad carece de institución o poder alguno para generar consecuencias tan nocivas como tales personajes. Las diferencias latinoamericanas no logran tampoco introducir soluciones o problemas. Entre las orientales, sólo las que refieren a China y Japón lo hacen. Las primeras introducen o refuerzan soluciones, y la segunda problemas. Aquello recalca la mayor cercanía al Primer Mundo que al resto de Oriente en lo representado como japonés, expuesto como país modernizado cuyo saber actual es el del engaño empresarial antes que de frases milenarias. Pues las diferencias del Primer Mundo introducen problemas, incluso en el caso del español. Sólo el alemán introduce la solución, mas ante el problema ya generado por otra alemana.  Como ya se deja ver, puede resumirse lo representado a través de las características comunes atribuidas a las zonas imaginadas. En el caso de Chile, se resalta positivamente su diferencia, con particular preocupación por exponer sus distintos detalles. La única excepción es la personaje gitana, mas parecida a la representación del Primer Mundo como la de personas de expansivas, malvadas y deshonestas prácticas. Algo similar acontece con Japón, cuya maldad se mantiene en tal país antes que en Chile, pero ya  desvinculado de un Oriente tipificado como un estereotipado saber milenario ajeno a lo dicho en la comunidad de los personajes. Finalmente, en lo que refiere a Latinoamérica es poco lo expuesto, de forma ambivalente, rescatando su tradicional interculturalidad y ridiculizando la actualidad de la farándula argentina.

Sólo con los personajes hemos podido realizar análisis “triples” –esto es, analizando tal variable en función a otras dos–, lo que ha limitado tales posibilidades. La mayoría de los hallazgos allí realizados son similares a lo notado en el análisis general, por lo cual hemos optado por reservar para tal punto. Sólo resulta interesante, hasta el presente punto, que no sólo la enunciación malvada del discurso introduce problemas, sino que también el comunitario. Al contrario, las enunciaciones identitarias y ancestrales sólo generan soluciones. Es decir, el problema no surge por la afirmación de cierta particularidad, sino por su supresión.

Resultados generales

Lo que nos interesa en este punto del análisis es notar las características comúnmente existentes en las distintas representaciones, pese a las ya descritas diferencias propias de cada serie. De ahí que describamos sólo aquello que resulta similar, puesto que aquellas diferencias dentro de la forma de representar cada zona pueden explicarse por la particularidad narrativa y estética de cada serie. Dado que esta no es baja, la existencia de ciertas estrategias comunes de representación resulta altamente relevante. El cruce de variables podría haber sido potencialmente infinito, de forma tal que hemos optado por realizar aquellos que poseen cierto sentido teórico dentro de la temática que nos interesa, y por considerar como relevante aquellos cuya tendencia común parezca motivada más allá del azar. Lamentablemente, la escasez de diferencias fuera de la última serie y de Walala ha tornado menos productivo el análisis. Impera señalar, no obstante, que no parece casual que estas últimas dos series sean las más ricas en lo que refiere a la representación de la diferencia, al hallarse tal finalidad en la constitución misma de su proyecto narrativo. Los resultados serán descritos en la parte correspondiente a la zona en la cual aquello se recalque, a excepción de ciertas consideraciones algo más generales que nos interesarán particularmente para las conclusiones.     La representación de la diferencia existente en Chile siempre es predicada positivamente. Es decir, los personajes no critican explícitamente lo existente en el país. La única excepción es producida por Walala, quien luego se retracta describiendo positivamente lo que ha conocido. Tales predicaciones son positivas por diferencia en el caso de lo que representa una zona lejana al centro del país, y positiva por similitud cuando se refiere a lo que existe en aquella zona –Valparaíso y los pescadores. En tal sentido, las distintas series enuncian desde una ubicación centralizada, pero que no impide valorar positivamente ni lo lejano ni lo cercano, remarcando la diferencia o su similitud en torno al lugar que se representa. Aquella duplicidad se replica en la exposición de paisajes chilenos. Todos resultan sumamente distintos, diferenciándose tal carácter por aquellos que lo son por su alto contenido de naturaleza (San Pedro de Atacama), por la alta diferencia de sus elementos (Valparaíso y los pescadores) o por ambas dos (mapuches y chilotes). El tipo de discurso privilegiado de las diferencias representadas como parte de Chile es el identitario, lo que indica una mayor preocupación por mostrar la orgullosa existencia de distintas retóricas de sí en el país antes que su carácter integrado –el cual parece, entonces, ser pensado como posterior a tal necesario reconocimiento. En efecto, la inserción de todos los personajes chilenos es baja –a excepción de Walala, quienes se hallan altamente insertos en una comunidad particular-, y todos desarrollan prácticas tipificadas. En tal sentido, la diferencia es presentada insistentemente como tal, y ajena al Chile de los personajes para remarcar la multiplicidad cultural existente en el territorio y la importancia de tal diferencia, al punto que todas las costumbres resultan altamente relevantes –pese a que la mayoría de ellas aparecen inicialmente como poco insertas en el horizonte de sentido de los protagonistas. Resulta fundamental para los personajes el conocer aquella práctica originalmente desconocida, aún cuando la apropiación de aquella no resulte alta en todos los casos. No parece casual, por tanto, que sea en estos casos en los que la tradición como plano general de argumentación sea más relevante. Aquello se contrapone a la representación de las restantes zonas, incluidas en los capítulos  desde la acción desarrollada antes que como algo que preexiste a tal narrativa y se incluye en ella con una historia propia.

En el caso de las escasas diferencias latinoamericanas (Argentina, Bolivia, Paraguay), sólo resulta interesante destacar el que lo predicado positivamente se debe a su carácter distinto. Cuando la zona aparece desde temáticas similares a lo existente en Chile, es caracterizada de forma decadente.

Las formas de representar Oriente, al contrario, revelan variadas conclusiones. Lamentablemente, todas provienen de Diego y Glot. No obstante, hemos optado por exponerlas en esta sección para realizar aquí un análisis también más general que pueda ser contrastado con la información sobre tal representación obtenida mediante la observación densa. La tipificación realizada a esta zona es mucho más fuerte que en el resto de los personajes. Son tipificados todos sus nombres, cuerpos, tonos y prácticas. Es decir, nadie podría ser confundido como chileno. Por si quedasen dudas, la música recuerda aquello tipificando extradiegéticamente su acción, como si en el aire que acompaña su presencia ésta se dejase oír. Tampoco aquello podría ocurrir con los lugares que representa tal zona, pese a su carácter puramente artificial. La diferencia es alta allí debido a la importancia de objetos que lo distinguen, articulando lugares que suelen representar suciedad y trabajo. Esto resulta importante, ya que refuerza cierto estereotipo del trabajo como infinito y carente de higiene. Aquello resulta particularmente preocupante ya que todos los personajes de Oriente resultan comerciantes. Su psicología suele resultar amable, exceptuando el caso del malvado japonés. Este último igualmente exceptúa el discurso ancestral de Chang, mediante un discurso agresivo. También es importante el que las costumbres culinarias orientales posean alto grado de inserción comunitaria, en contraste con las costumbres políticas y su escasa apropiación e inserción. Esta última representa un autoritarismo propio de un orden de dominación tradicional, en contraste con costumbres culinarias cuyo carácter tradicional no impide que sean apropiadas por los personajes de la serie. Finalmente, podemos señalar la primacía de un plano general, el cual dificulta la exposición de la singularidad del personaje o práctica en cuestión. Así, más bien se lo inserta en cierta escena preestablecida, de forma tal que el lugar en la ella no puede ser objetado. Los colores con los que se presenta Oriente también resultan más tipificados que las otras zonas. Particular contraste existe entre tal representación de las costumbres y la forma de enfocarlas para representar la diferencia chilena, la cual se utiliza con mayor importancia desde el primer plano, recalcando así con mayor detalle el carácter autosuficiente de la destacada costumbre nacional.

La representación del Primer Mundo se liga más a personas que a costumbres. La advenida de lo europeo, como diferencia, pareciera sólo poder llegar a través de personajes claramente distintos. En efecto, sus nombres son tipificados. Son predicados negativamente por similitud, pero muy escasamente. Así, parece difícil criticar explícitamente a las personas del Primer Mundo, aún cuando sus características suelan ser objetables. Pues la gran mayoría de sus personajes son antagonistas –o bien, episódicos. Es decir, adquieren importancia sólo problemáticamente, y siempre como personajes. Pues sus costumbres tienen poca relevancia e inserción. Es bastante utilizado aquí el primer plano, reforzando así el carácter individualizado de quien acarrea tal diferencia. Generan más problemas que soluciones, y su tipificación es particularmente vinculada a su ropa. Es decir, su diferencia resulta mucho más cultural que étnica. Ninguno de sus personajes es sabio. La seguridad en sí mismo de sus personaje se relaciona con la posesión de un discurso crítico –mientras en Chile ésta se liga a un discurso responsable, y en Oriente a un discurso sabio. Así, las formas de subjetivación privilegiada en la representación de cada cultura resultan distintas.

Probablemente, lo más interesante sea la diferencia trazada entre el viaje y el arribo. Este último plano general de argumentación sólo resulta positivo cuando quien llega es latinoamericano, y negativo cuando se trata de europeos. En el primer caso, se llega con una enunciación identitaria y prácticas expansivas. En el segundo, con una enunciación agresiva y prácticas desvinculantes. El único contraejemplo a esta lógica es el arqueólogo estadounidense, mas impera recordar que quien arriba –en la historia- es Walala, resultando el momento del arribo norteamericano desconocido en la historia. Quien inmigra, así, no busca mantener el orden antes existente ni integrarse a éste, con la diferencia que el latinoamericano arriba con una identidad que busca transmitir mientras que el primermundista busca sólo destruir lo existente. Similar a tal estrategia de representación de Latinoamérica es la utilizada para representar a los personajes conocidos cuando el plano general de argumentación es el viaje. Este es mucho más predicado por los personajes que el arribo, ante el cual suelen carecer de palabras. La predicación ante lo conocido en el viaje es positiva, ora por similitud (dentro de la zona central del país), ora por diferencia (resto de Chile). Los conocidos a través del viaje enuncian, generalmente,  un discurso identitariamente. No hay particular voluntad por parte suya o de los personajes de trazar cierto vínculo, siendo más importante la exposición –y, momentánea, celebración- de la diferencia existente. Ciertamente, tampoco la hay por parte de quien inmigra, mas el emigrar voluntaria y episódicamente parece más positivo, dada la posibilidad de los personajes de retornar a su comunidad tras tal movimiento sin extraño alguno adentro. Antes que la migración o la integración, lo promovido parece ser el turismo. Aquello es explícito en el capítulo sobre Chiloé, en el cual Diego termina señalando sus deseos de retornar en futuras vacaciones –esto es, mediante un contacto sólo episódico. Más profunda aún es tal relación en la visita de la madre de Diego a un reducto mapuche. Pues vuelve fascinada ya que lo allí aprendido resulta, precisamente, la necesidad de valorar la propia comunidad. Es decir, el saber allí comprendido es el de mantener la distancia existente –cada cual en su comunidad, respetando la ajena precisamente porque la mezcla podría desestabilizar. Así, la diferencia es expuesta positivamente en la medida en que se mantenga como tal, sin desdibujar límite alguno que amenace una comunidad que se restituye habiendo ganado el saber distinto que se mantiene tan diferente como lejano. Aún cuando se invierta el valor de tal diferencia para representarla positivamente, ésta no puede sino confirmar los estereotipos preeexistentes de su comportamiento. Ora como personaje que realiza lo que se espera que hagan las personas de la diferencia que representa, ora como comunidad irreductiblemente lejana a la normalidad de los personajes, la inclusión simbólica del otro se da mediante una estereotipación que exige que quien se reconozca como otro actúe según impera en los imaginarios de quien podrá dotarle de tal reconocer.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Wodak, R. (2003): El enfoque histórico del discurso. En Wodak, R. & Meyer, M: Métodos de análisis crítica del discurso. Barcelona, Gedisa. pp. 101-142

Wodak, R. & Reisigl, M. (2001): Discourse and racism. En Hamilton, H. , Schriffin, D. & Tannen, D: The handbook of discourse análisis. Malden, Blacwell Publishers. pp.372-397….

Series analizadas

Pulentos. Estrenada el 3 de septiembre de 2005. Productora Tercer Hemisferio. Creada por Sebastián Silva, Francisco Bobadilla, Ángel Fuccaraccio y Luis Ponce.

Diego & Glot. Estrenada el 3 de septiembre del 2005. Productora Cubo Negro. Creada por Claudio Kreutzberger, Sebastián Correa y José Tomás Correa.

El Ojo del Gato. Estrenada el 28 de abril de 2006. Productora Atiempo. Creada por Patricio Gamonal y Elizabeth Carmona.

Walala. Estrenada el 13 de julio de 2009 . Productora Tercer Hemisferio. Creada por Francisco Bobadilla, Ángel Fuccaraccio y Luis Ponce

NOTAS Y REFERENCIAS

[1] Las cuatro series fueron estrenadas y emitidas por Canal Trece. Las primeras tres desde el 2005 hasta la fecha, y la última desde el 2009 hasta la fecha.

[2] Más información sobre esta serie en http://cubox.canal13.cl/cubox/gato.htm

[3] Más información sobre esta serie en http://pulentos.canal13.cl/

[4] Esta serie no cuenta con una página oficial.

[5] Equeco es originalmente el Dios de la abundancia, fecundidad y alegría de origen Aymara. En la serie este nombre se le otorgaba de forma difusa a su rol como organizador de un rito y además por ser, algo así, como el alter ego de un ser mágico de características similares a esta figura mitológica.

[6] Más información sobre esta serie en http://diegoyglot.canal13.cl/