Los diarios como actores influyentes del sistema público: tensiones en torno al proceso de construcción de realidad

Newspapers as influential actors in the public system. Tensions around the reality construccion process

RESUMEN:

Los diarios son actores influyentes en el proceso de construcción de realidad. Esa capacidad de afectación de escenarios, particularmente en el sistema público,  esta vinculada con la potestad de instalación de discusiones y tensiones ciudadanas, además de intereses inherentes a una empresa comercial. La matriz de ese esquema de valoración y visibilidad se sustenta en particularidades que suceden durante el proceso de construcción de realidad, donde confluyen significaciones diversas en torno al concepto, por ejemplo, de noticiabilidad. Es por ello que el objetivo de este artículo es explorar diferentes acepciones teóricas respecto a las instancias de producción informativa, para entender, desde allí, las tensiones que suceden durante el periodo mediático de recontextualización social; donde se torna evidente, creemos, aquella capacidad de afectación de decisiones a la cual hacíamos referencia inicialmente.

ABSTRACT:

The newspapers are influential actors in the reality construction process. That possibility of affect scenes, particularly in the public system, is linked with the authority to instal discussions and citizen tension, besides inherent commercial company interests. The roots of valuation and visibility of that scheme are sustained in particularitities that happen during the process of reality construction, where several meanings converge, for example, around the concept of newsworthness. That is why the object of this article is to explore different theoretical meanings respect to the instances from informative production to understand the tensions that happen during the mediatic period of social recontextualización; where, we think, it becomes evident that affectattion capacity of decisions, to which we made reference initially.

PALABRAS CLAVES: Visibilidad, noticiabilidad, noticia, producción informativa, decisiones públicas KEYWORDS: Visibility, news value, news. Informative production, public decisions

*Julio César Arrueta, Doctor en Comunicación Social, Unidad de Investigación en Historia Regional. Universidad Nacional de Jujuy. Argentina y becario Postdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET-Argentina). Contacto: gaucho@arnet.com.ar



1. Presentación

David Randall sugirió, irónicamente, que todos los diarios deberían publicar una nota aclaratoria en cada una de sus ediciones, subrayando que el producto en circulación había sido “producido en aproximadamente 15 horas por un grupo de seres humanos falibles” (1999: 6). Tal propuesta no resulta desatinada si se tiene en cuenta que, para algunos autores, a través del proceso de edición los medios de comunicación inculcan y defienden “el orden del día económico, social y político de los grupos privilegiados que dominan el Estado y la sociedad del país” (Chomsky y Herman, 2001: 341).

En este contexto, vale aclarar que las acciones, funciones y actitudes que señalan Chomsky y Herman no son, necesariamente, el resultado explícito de una estrategia deliberada e intempestiva para cumplir con una meta trazada en la oscuridad de intereses espurios. Podríamos decir que se articulan, en gran medida, a partir de una cultura periodística que se construye en el interior de los medios masivos. Esta cultura es una suerte de secreto profesional que se transmite en una sala de redacción y se define como “un conjunto de conocimientos sobre la profesión en continua evolución y que sirve para decidir, entre otras cosas, qué es una buena noticia y qué es “aburrido”” (Randall, 1999: 11).

Frente a tales fenómenos es razonable pensar que las líneas de investigación que se animaron a centrar la mirada en el nivel de los productores de la noticia (y desairar el histórico fisgoneo por el mensaje y sus efectos) hayan consolidado, con el paso de las décadas, su relevancia en el campo académico, con aportes nacionales e internacionales que echaron luz sobre las instancias de producción y validaron aquello de las salas de redacción como mundos complejos e inagotables.

Lejos de ser una casualidad, Mauro Wolf reconoció en 1987, año de publicación en castellano de La Investigación de la Comunicación de Masas. Críticas y Perspectivas, que los estudios sobre los emisores y los procesos productivos se habían constituido en un filón de las investigaciones. Es que el principal aporte que realizaron estos trabajos fue concentrarse en la lógica interna de la maquinaria noticiosa y despejar, paulatinamente, inquietudes y detalles de lo que hasta ese momete era genéricamente definido como la “caja negra” de los mensajes. No hay que olvidar, en este último punto, los esfuerzos fundacionales que realizaron a partir de los años 30, Herbert Blumer, John Broadus Watson o George Herbert Mead por clarificar la acción de la propaganda en la sociedad industrial; la preocupación de la Escuela de Frankfurt por los efectos de los medios en la vida cotidiana y en las artes; el aporte de Horkheirmer y Adorno, la derivación mediática expresada en consumos culturales identificada por los sociólogos Lazarsfeld y Merton o la teoría de la agenda-setting inscripta en trabajos que van desde Walter Lippmann, Maxwell McCombs hasta Elizabeth Noelle-Neumann. En contrapartida, podemos decir, en acuerdo con Cecilia Cervantes Barbas que: “[...] las preguntas a responder en los estudios sobre construcción primaria del acontecer tienen que ver  con la inquietud de generar conocimiento en torno a quiénes controlan los medios informativos y sus productos, en el caso de las noticias” (1996a: 55).

Los estudios referidos a los procesos productivos incluyen dos grandes etapas de investigación, cronológicamente diferenciadas: la primera centrada en la selección de la información y denominada gatekeeping, y la segunda, abocada a los estudios de construcción de realidad, llamada newsmaking.

Por tal razón y en función del propósito de este artículo, es que abordaremos la construcción conceptual del término rutinas de producción periodística a la luz de ambas etapas teóricas, considerando los aportes realizados por  investigadores de Estados Unidos y Europa. Desde allí intentamos observar la capacidad inquisidora de los medios masivos y sus espacios de tensión con las instancias de construcción de realidad.

2. Explicaciones anecdóticas: el guardabarrera

En 1947 Kurt Lewin inauguró el concepto gatekeeper (“portero”, su traducción al castellano) en su obra Frontiers in groups dynamics. Channels of group life: Social planning and action research. Este concepto fue utilizado inicialmente para caracterizar las “dinámicas interactivas en los grupos sociales, en particular respecto a los problemas relacionados con el cambio de hábitos de alimentación” (Wolf, 1987: 204). Luego de que Lewin identificara la existencia de puertas en la secuencia de comportamientos relativos a un determinado campo, David White utilizó esta idea en 1950 para estudiar el flujo informativo en los medios de comunicación y determinar la ubicación y el comportamiento de porterías que permitían la publicación o no de un acontecimiento noticiable. Lo hizo  a través de un aprendizaje de caso publicado en un artículo que llamó The Gatekeeper: a case study in the selection of news (1950). Dicho de otra manera, se avocó a entender el proceder de los porteros-informadores en un contexto periodístico seleccionador, situando como base observacional las zonas de filtro y segregación que operaban durante el mecanismo de producción de sentido. Esta primera etapa[1] tiene la particularidad de ser constituida por aportes de corte anecdótico, estructurados desde la experiencia individual y el estudio de casos, haciendo conocer “la vida cotidiana y las rutinas de quienes elaboran las noticias, cosas que pueden resultar útiles como datos para un análisis más sistemático y explícito de la sociología cotidiana de la producción periodística” (van Dijk, 1990: 19). Pese a ello y los posibles cuestionamientos sobre su nivel de generalidad, la valía radica en situar a las rutinas de producción periodística en un plano de correspondencia con mecanismos cuasi-automáticos de selección-supresión, desde la preponderancia de actitudes, explícitas e implícitas, de valoración personal. “Se advierte, en consecuencia, que el periodista define sus valores en forma pragmática en su rutina diaria, en vez de adherir incondicionalmente a ideales sociales y profesionales” (Balbín, 2008: 244)

Obsérvese de que manera la rutinización se asocia con un proceso maquinal que privilegia la elección del periodista en un contexto de tensión con el tiempo de la prensa, antes que la manifestación de sesgos organizacionales. En tal sentido, pueden entenderse a las rutinas de producción como el tránsito de acontecimientos noticiables hacia su inclusión final en la superficie textual, desde la coyuntura y las satisfacciones individuales.

Esta hipótesis primaria fue reconsiderada en publicaciones posteriores que particularizaron la atención en la selección y en el filtro de las noticias, las normas de empleo profesional y organizativo que permitieron, entre otros logros, poner en deferencia el carácter seleccionador del medio, por encima del periodista-editor. Lo hicieron desde una perspectiva sistémica y microsociológica.

En un intento de comprensión Wolf, citando un apartado de News agencies and world news (1981), afirma: “Las decisiones del gatekeeper no son realizadas sobre la base de una valoración individual de noticiabilidad, sino más bien en relación a un conjunto de valores que incluyen criterios profesionales y organizativos, como la eficiencia, la  producción de las noticias, la velocidad” (1987: 206)

En esta línea, pueden destacarse también los aportes de Wilbur Schramm (1955), Bruce Westle y Malcolm MacLean (1957) y principalmente del sociólogo y colega de White, Walter Gieber, quien a partir 1956 exploró factores que excedían una visión personal del seleccionador de noticias, para incorporar factores propios a la lógica de los medios de comunicación.

Esta nueva visión de las rutinas, añade un conjunto de factores institucionales que conviven con las matrices personales. No se trata, en este punto, de una polarización de posturas sino de la identificación de campos de selección a partir de la conjunción de patrones institucionales e individuales. Siguiendo este razonamiento, Gieber publicó en 1960 una investigación titulada How the “gatekeepers” view local civil liberties new, que realizó en un diario de California (Estados Unidos) sobre los criterios y percepciones que eran transmitidos a los redactores y concluyó que la principal fuente de determinación noticiable en un medio de comunicación, era la percepción que tenía el medio sobre un acontecimiento y no el acontecimiento en sí, tamizado por intereses de conocimiento social y la actitud expuesta por el redactor. En tal sentido, las rutinas no se entienden como trayectos de apropiación de acontecimientos noticiables en estado puro, sino como trayectos que posibilitan abordar unos hechos en detrimento de otros, pero desde una noción de trascendencia que materializa el periodista-editor en conjunción con el campo de intereses de la empresa periodística. A este fenómeno la academia norteamericana lo denominó preponderancia de rutinas burocráticas.

No es casual, por tanto, el estudio que Warren Breed llevó a cabo en Social control in the news room (1960), donde pudo dar cuenta de la acción coercitiva que ejerce la línea editorial, transmitida en la interacción de una sala de redacción, el diálogo con los colegas y el sentido de pertenencia. De manera más precisa, Wolf revela: “Breed enumera seis motivos que inducen a conformarse con la orientación del periódico: a) la autoridad institucional y las sanciones; b) los sentimientos de obligación y estima hacia los superiores; c) las aspiraciones a la movilidad profesional; d) la ausencia de fidelidades de grupos contrapuestos; e) la naturaleza agradable del trabajo; f) el hecho de que la noticia se ha convertido en un valor” (1987: 207)

Adviértase, en este primera parte, de que forma el concepto de rutinas viró de una perspectiva anecdótica-personal edificada, básicamente, desde las necesidades y el sentido estrictamente individual del periodista-editor en tanto agente seleccionador de primer grado, a un horizonte de articulación de filtros que se cimientan en intereses organizacionales. Es que el sistema de barreras y puertas que empezó a retratar White estudiando el trabajo de Mr. Gate permitió entender las rutinas de producción periodística como líneas de influencias, preferencias, motivos y valores comunes; terreno fértil para el “abuso de poder” a la hora de decidir qué información desechar y qué información publicar y principalmente, un hábito instituido de jerarquización noticiosa, a menudo, dirigido por un sistema de preguntas estándares, que guían el trabajo cotidiano. En este sentido, entender las rutinas desde el concepto de puertas que se abren y se cierran, resulta trascendente para comprender que el flujo informativo que circula por una sala de redacción está sujeto a oportunidades-no oportunidades de evaluación de hechos noticiables y formas posibles de visibilidad. El acento está puesto en los obstáculos y las facilidades que reduzcan o favorezcan el flujo informativo, y el rol que en ese circuito cumplen tanto el periodista y como el(los) propietario(s) del medio, desde un horizonte, no siempre común, de selección-supresión.

La expansión de esta línea de investigación, posibilitó enfocar la observación en otro aspecto del gatekeeper, referido a la forma en que es instituido el modus operandi de la rutina productiva. En este punto, los estudios coinciden en afirmar que en la etapa de selección, las referencias implícitas al grupo de colegas y al sistema de fuentes prevalecen sobre las referencias al propio público. Es así que en 1972, George Bayle y Lawrence Lichty describieron un concepto de gatekeeper orientado más a la organización y su entorno de relaciones; le asignaron un rol central en la administración de un medio y describieron su papel en la política general del comportamiento. En esta línea también pueden identificarse trabajos anteriores de Lewis Donohew (1967) y principalmente Paul Snider, quien en 1967 fue autor de un artículo que tituló Mr. Gates revisited, en claro alusión al trabajo fundacional de White. Herbert Gans ya había realizado en Broadcasters an Audience Values in de the Mass Media: The Image of Man in American Television News (1970) un polémico llamado al convocar a los periodistas de la época para que sepan menos del interés del público y se enfoquen más en los valores-noticia del medio.

Esta tendencia de querer incrementar las cargas en el haber de las decisiones editoriales, proyectando una noción lineal y asimétrica del trayecto del flujo informativo resultó peligrosamente asociada a la idea de que, en esas condiciones, el periodista estaba necesariamente subyugado a rutinas que actuaban como cauces o guías de comportamiento, adjudicándole un carácter pragmático que contrastaba con visiones idealistas construidas respecto a la prensa por la literatura de principio de siglo XX y fuertemente concatenadas con el concepto de democracia liberal. Unos de los primeros en advertir esta dificultad fueron Morris Janowitz y Robert Schulze, quienes en un artículo publicado en 1961 en París, bajo el título Tendances de la recherche dans le domaine des communications de masse hicieron pública sus preocupaciones por aquellas observaciones sociológicas que daban cuenta de procesos de alienación en el personal de los medios  masivos. En este sentido, reconocían la existencia de una centralización en las decisiones editoriales, aunque sin la capacidad suficiente de suprimir la fuerza creadora de los hombres y mujeres de la prensa y el espectáculo. A esa capacidad le asignaban un alto valor movilizador.

Pese a ello, las nuevas observaciones realizadas en terreno sobre el comportamiento de la prensa[2], concluyeron en la identificación de un proceso que se denominó unwitting bias (distorsión inconsciente). Esta postura, sustentada inicialmente en un trabajo que Peter Golding y Philip Elliot titularon Making of de News (1979), llevó el centro de la discusión a un fenómeno propio de la sociología del conocimiento: los periodistas se forman un concepto de realidad según características propias del medio al que pertenecen, concepto que lo lleva a modificaciones involuntarias en la determinación e interpretación de valores que definen las cualidades para convertir un acontecimiento en noticia. Por ello, estos estudios se concentraron en “conocer no sólo los sistemas de valores, de representaciones, de imaginario colectivo que proponen, sino también la forma, los procesos, las restricciones y limitaciones con los que se lleva a cabo” (Wolf, 1987: 211).

Como puede observarse, la indagación central se concentra en los condicionamientos que ejerce el medio de comunicación sobre la práctica periodística, a punto tal de convertir las rutinas de trabajo en procesos naturalizadores, que actúan como ideas macro de formación de realidad, jerarquización y edición. Con un toque de ironía, Lorenzo Gomis graficó un escenario propicio para entender la forma en que se desarrolla este aprendizaje: “¿qué ocurre, cabe preguntar, cuando un redactor no se adapta? Las desviaciones se castigan amablemente, con un comentario de paso -”No trates así al alcalde”- o reduciendo una información” (1991: 84)

Véase como se establece una doble definición respecto al desarrollo de la práctica periodística. Por un lado se reconocen valores ideales inherentes a la profesión, pero por otro, -en el ejercicio cotidiano- se identifican procesos intrainstitucionales[3] que determinan una naturalización de prácticas habituales y formas de valoración en concordancia con el campo de intereses del medio masivo. De allí, que las decisiones respecto a qué acontecimientos son convertidos en noticias, respondan a procedimientos involuntarios, pero no desde una idea de pasividad deliberada por parte del periodista-editor, sino desde un concepto de mimetización[4], asociado a un sentido de pertenencia y una cultura periodística particular.

De esta forma, el rol asignado a las rutinas informativas en el contexto de producción periodística no se reduce exclusivamente a un esquema organizativo de roles y funciones, sino que se hace extensible a un plano de aprendizaje de una forma de ejercicio del periodismo, en el contexto del campo de relaciones e intereses de la empresa. No se trata, como los primeros estudios revelaron, de una actuación estrictamente individual o una imposición institucional potenciada por presiones externas, sino de procesos internos que tienden a naturalizar valoraciones y esquemas de selección-inclusión, que están en permanente tensión con esquemas de valoración individual y/o ideal.

Por tal razón, no se corresponde con una idea de manipulación entendida como distorsión deliberada, sino de las restricciones que añade a la información el propio proceso informativo, con sus valores y rutinas, donde cada actor que interviene en el flujo noticioso tiende a realizar su aporte diferenciador.

Esta interpretación llevó a considerar, años después, que el ejercicio del periodismo asociado a rutinas naturalizadas en el marco de una empresa periodística, pondría en riesgos su propia funcionalidad, avalando procesos de deformación de realidad, en tanto, la recontextualización de lo real estaría sujeto, necesariamente, a dos factores de creciente importancia: la competitividad de mercado y las posiciones ideológicas que atraviesan un medio de comunicación.

En concordancia con ello, en el 2001, Ángel Badillo y Patricia Marengui publicaron un artículo que titularon De la democracia, a la democracia electrónica, a través del cual demostraron que la competencia de mercado se había constituido en un pilar del proceso de producción periodista, en tanto favorecía a mecanismos de deformación de realidad a través de la instalación de una preocupación mayor entre los equipos periodísticos por acceder a la primicia, mayores detalles e informaciones de alto impacto, capaces de posicionar su producto en detrimento de la competencia. La acción involuntaria está relacionada, en este caso, con una mayor permeabilidad entre las fuentes informativas y el periodista y la instalación de una suerte de no-chequeo a partir de un mayor apuro por informar y aumentar las ventas.

Planteo similar desarrollaron dos docentes e investigadores del Departamento de Ciencia Política y de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad del País Vasco, Pedro Ibarra y Petxo Idoyaga, en un artículo que nominaron Racionalidad democrática, transmisión ideológica y medios de comunicación (2003). Al factor competitivo, le sumaron aspectos ideológicos claramente presentes en el discurso periodístico: “Esa dependencia que tiene el periodismo de la estabilidad de unas determinadas fuentes y del acomodo a unas exigencias productivas, tiene como consecuencia que la imagen del mundo que construyen los medios de comunicación sea distorsionada de la realidad y reproduzca constantemente los discursos ideológicos dominantes. Pero también, que esto no sea tanto debido a una manipulación consciente y cotidiana de las noticias derivada de las presiones y maniobras del poder político, sino de lo que se llama “distorsión involuntaria” (unwitting bias) y que las propias necesidades productivas imponen de una forma constante, permanente, al periodismo. De hecho, lo que enfáticamente se llama “profesionalidad” no es más que una cobertura ideológica (eso sí, autolegitimadora de la actividad periodística y legitimadora de ésta ante la sociedad) de esa dependencia que la producción de noticias tiene respecto a las exigencias productivas” (2003: 12)

Sin embargo la diferencia de estos estudios con sus antecesores, está vinculada con la idea de entender a las rutinas informativas como un plexo de factores que conviven e interactúan en la jornada cotidiana de un medio y que permanentemente, proponen situaciones de tensión que se resuelven desde valores instituidos y naturalizados (por identificación institucional, temor, apatía o simple asentimiento personal), antes que por valores ideales consonantes con la profesión. Sin embargo, esta explicación dejó enigmas sin resolver. Como explica Stella Martini: “La hipótesis de una distorsión consciente  de la información resultó insuficiente para explicar todas las formas de producción de la noticia, y las investigaciones fueron planteando la viabilidad del pasaje del reconocimiento de que en todo trabajo periodístico se produce además una “distorsión involuntaria” directamente relacionada con lo que se denominan rutinas de producción y con los valores imaginarios periodísticos que se comparten entre colegas y con las instituciones. Las noticias serían más el producto de la selección y el control y de las formas de procesamiento que responden a “instrucciones” (más o menos explicitadas) de la empresa y a actitudes y valores consensuados o al menos aceptados (la distorsión consciente) y de la articulación de prejuicios, valores compartidos con el medio y con la sociedad, representaciones del propio trabajo y que están implícitos (la distorsión inconsciente o involuntaria)” (2000: 76-77)

2.1. Seleccionadores en el contexto global

Alejados de cualquier opacidad intelectual, los estudios de gatekeeper retomaron planteos superadores en las últimas décadas. De hecho, el trabajo de Xiang Zhou Gatekeeper, gatekeeping, and news selection (2001) puede considerarse un fiel reflejo de ésta circunstancia, al ofrecer un magnífico relevamiento sobre los últimos aportes realizados en la materia.

En 1980, Richard Brown publicó un artículo que tituló The gatekeeper reassessed, a return to Lewin, a través del cual propuso un retorno al concepto original planteado por Kurt Lewin y su vinculación con la recepción social de los mensajes. Identificó el proceso mediante el cual las decisiones adoptadas en el momento de edición periodística se relacionan, de manera interdependiente, con reglas implícitas y explícitas presentes en cada puerta de acceso. Tal planteo configuró su matriz principal gracias a un revelador aporte realizado por Edward Jay Epstein en News from nowhere (1973), al considerar la influencia de la naturaleza misma de los acontecimientos noticiables en el siempre dinámico proceso de edición periodística. Con mucho tino, advirtió que las noticias no ocurren bajo circunstancias controladas que se prestan a análisis metódicos individuales. Por el contrario, sugirió que si bien los periodistas tienen ciertos valores compartidos que permiten homologar los acontecimientos con posibilidades reales de ser convertidos en noticia, esto no significa que tales valores, en determinadas circunstancias, se alejen de apremios estructurales y la  lógica de la empresa periodística. En este sentido, Ben Bagdikian ya había publicado en 1969 The press and its crisis of identity. Mass media in a free society, un libro pensado para identificar y determinar puntos de ejercicio de poder en las puertas de acceso. Señaló que en un medio, la política se ejerce de manera tácita con ejecutivos editoriales que controlan la asignación de historias, cuál será publicada en última instancia, con qué énfasis y extensión. De igual manera, aclaró que éste tipo de acciones estaban vinculadas con la necesidad de evitar proximidades riesgosas entre el periodista y su tema de abordaje producto de un clima de trabajo generalmente informal y de camaradería.

De todas maneras, fue prudente en aclarar que el editor no funciona, regularmente, de forma mecánica y funcional a los intereses de la empresa. Por el contrario, sus decisiones reflejan incumbencias particulares, como así también valores profesionales y presiones externas. En una descripción mejor lograda, Bagdikian escribe: [...]the gatekeeper, though he seems to perform like one, is not a valueless machine operating in a vacuum. His decisions, resulting in the printing of most stories seen by the public, reflect his personal as well as his professional values and all the surrounding pressures converging on him” (1969: 107)

En 1973, Leon Sigel en Reporters and officials: the organization of newsmaking retomó la idea de la existencia de un mínimo de burocracia en la producción noticiosa y se animó a decir, inspirado por sus experiencias y observaciones, que las noticias eran el resultado de opciones y no de decisiones. Para Sigel, estas opciones le permitían al gatekeeper encontrar un equilibrio ideal entre los redactores, al considerar que la elección informativa era, en esencia, una batalla permanente por el prestigio entre varios sub-editores y jefes de departamento que conviven en una sala de redacción. Además, advirtió, como consecuencia de ello, que el valor intrínseco de las noticias y el lector toman papeles secundarios.

La línea de abordaje planteada por Sigel prosperó en estudios subsiguientes; estudios que en general se esforzaron por aclarar que en el juego de intereses y conocimientos que existen entre el medio, el periodista y el público, es complejo identificar necesidades naturales de información y valores puestos en juego. En 1982, Charles Whitney y Lee Becker abrieron otra dimensión de estudio a la función del gatekeeping a través de un artículo que titularon: “Keeping the gates” for gatekeepers: the effects of wire news. En este apartado, establecieron puntos de contacto entre el concepto de puertas de acceso y capacidad de fijar agenda en los medios.

Whitney y Becker concluyeron que los redactores eran capaces de elegir sus historias periodísticas en función del nivel de repercusión social que podían alcanzar y en este sentido, ofrecieron explicaciones congruentes. Aseguraron que la estructura noticiosa del día, independientemente de los contenidos y el medio en particular, influía en las decisiones de los editores y periodistas, quienes se disputaban historias que sean pertinentes con el interés social relevante. Asimismo alegaron una proximidad entre los servicios informativos externos al medio de comunicación y los periodistas que recibían esas coberturas con el fin de abocarse a aquella que sobresalía del menú informativo diario.

Tal situación también fue abordada en España por Antonia Gonzáles Borjas. Esta investigadora presentó sus conclusiones en un artículo publicado en Sevilla y titulado Producción del Temario Periodístico Local: “Quien verdaderamente selecciona, jerarquiza y además decide popularizar o demonizar personajes e instituciones a través del mantenimiento del tema en la agenda, es el “guardabarreras vigilante o gatekeepers”, condicionador del temario informativo. Los periodistas encargados de ese cometido poseen un cargo medio o elevado: director, subdirector, jefe de sección, redactor-jefe, editor y coordinador de área. Asimismo, si nos preguntamos por los responsables del establecimiento de la agenda-setting pública, encontramos en los medios informativos el origen del gran impacto sobre los temas de interés público; aunque no son los únicos promotores […] Lo que no se acepta es  anhelo de que uno sólo desempeñe tal tarea. Es obvio que ni el espacio ni el tiempo que administra un único medio de comunicación se lo permiten” (2000: 23)

Esta afirmación pone en evidencia las limitaciones de ejercer el sistema de barreras en el transcurrir de una rutina porque tiende, esencialmente, a acortar sus tiempos. En este sentido, puede mencionarse el libro publicado en 1991 por Pamela Shoemaker: Gatekeeping. En esta divulgación, Shoemaker propone, ante las nuevas limitantes de la prensa, que aquellos estudios referidos a la selección informativa incorporen, necesariamente, focos de análisis en nivel individual (del periodistas y sus valoraciones) y el nivel organizacional-institucional extra-mediático, referido a la circulación de la noticia. Adviértase de que forma el interés está en particularizar las observaciones y no simplificar el proceso a un juego de permisos y denegaciones informativas, sea por presiones externas o internas, partiendo de la idea de que tanto la esfera individual e institucional no están subsumidas entre sí, sino que siguen actuando como campos relativamente autónomos.

En este punto vale una aclaración. Si bien las investigaciones sobre gatekeeping -fruto de la sociología funcionalista norteamericana- fueron superadas, como demostraremos más adelante, por planteos aún más complejos y abarcativos, la tarea de selección de la información sigue siendo objeto de estudio, aunque demandando una mayor apertura de interrogantes. Es más: “Se debe insistir en que ya no se trata de rastrear e identificar los lugares donde funcionan como “cuellos de botella” en donde cierta información queda atascada y por tanto desechada de las agendas temáticas de un medio, sino de distinguir en el conjunto de la tarea productiva los valores que hacen noticiable un acontecimiento y el significado que tales valores adquieren (y el modo como aparecen rutinizados y naturalizados) en una sala de redacción, en interrelación con las expectativas y las series interpretativas de la sociedad y los estados de la opinión pública” (Martini, 2000: 107)

2. 2. Nuevas tecnologías

La explosión de formas interactivas en los medios de comunicación se ha manifestado como uno de los fenómenos más inquietantes de la última década, con responsabilidades reales y concretas en los procesos de construcción de realidad y alteración de valores subjetivos y de relación social. Como aseguran Gianfranco Bettetini y Armando Fumagalli en Lo que queda de los medios. Ideas para una ética de la comunicación: “Hoy tenemos que saldar cuentas no sólo con las interpretaciones erradas de los testigos oculares, con el trabajo de los corresponsales, con la mediatización de las agencias, etc., sino también con los efectos ulteriores del newsmaking, de las nuevas tecnologías, de Internet, de los web-sites, que no sólo hablan sobre ciertos hechos y situaciones, sino que contribuyen  a la imagen general del mundo, y a delinear el, en parte, nuevo paisaje de experiencias y de valores dentro del cual nos movemos” (2001: 29-30)

No quedan dudas que la modificación de las formas de conocimiento producidas por las nuevas tecnologías, repercuten en los modos de abordaje de realidad, generalmente, a manos de conceptos tradicionales y herramientas trilladas. Como asegura Alejandro Piscitelli en un artículo que publicó en el año 2001 en la revista Encrucijadas: “Uno de los obstáculos más fuertes para una apropiación masiva y democratizante de la red está ligado a la ergonomía cognitiva, a los problemas y dificultades epistemológicas que supone el pasaje de una cultura de la línea a otra del espacio (animado), y todo a las espantosas interfases gráficas –y consecuentemente a las dificultades para generar nuevas narrativas- dominantes” (2001: 64)

Con tal razonamiento, es lógico pensar que el concepto de gatekeeper aún se debata entre la presencia obsoleta de su esencia (inexistente, para algunos pensadores norteamericanos) o su capacidad de adaptabilidad a nuevos fenómenos comunicacionales. Es que la particularidad del mundo on line aún está sujeta a un supuesto libertinaje, si se acepta el término, de los contenidos y expresión ilimitada del pensamiento urbano-académico. Estas características son señaladas de manera más contundente por Martín Becerra en su libro Sociedad de la Información: proyecto, convergencia, divergencia: “En esta revolución informacional […] se incrementa exponencialmente la capacidad de producir, procesar, almacenar y enviar volúmenes cada vez mayores de información: la digitalización de los paquetes info-comunicacionales permite soñar con la perspectiva de eliminar la capacidad de producción, almacenamiento, emisión, recepción de información como condicionantes de relevancia” (2003: 21)

Sin embargo y pese a las dificultades, se ha conformado una corriente de pensamiento en periodistas y teóricos de Estados Unidos que ven la función de los gatekeepers desarrollándose y adaptándose a estos fenómenos, más que postergándose. Como advierte Xiang Zhou: “The explosion in interactive media forms has grabbed the attention of communication scholars in the latter half of the 1990s. The use of a medium such as the Internet obviously involves not only active participation in the traditional audience roles of selecting and processing media messages, but active participation in creating them, as well. However, the traditional receivers are not the only ones profoundly affected by this change. The traditional senders of media messages — the journalists — are faced not just with a new delivery method but with what may be a fundamental shift in their role in the communication process. […] Although few published studies have specifically addressed gatekeeping in the online environment, there is some evidence that journalists see that function as evolving and adapting rather than disappearing”(2001: 18)

En 1997, Jane Singer, a través de un artículo que tituló Still guarding the gate? The newspaper journalist’s role in an online world, había podido demostrar que, en general, los periodistas de una sala de redacción están más abocados a incorporar nociones de control de calidad e identificación de fuentes sobre informaciones publicadas en Internet; modificando de esta manera, el tradicional concepto de gatekeeper.

En detalle, observó que los periodistas se sienten más identificados con el rol de intérpretes de información creíble, en el marco de un volumen sin precedentes de datos disponibles, que simples sujetos de selección. Estos  resultados estaban en línea con un estudio que en 1996 realizaron David Weaver y Cleveland Wilhoit titulado The American Journalist in the 1990s: U.S. News People at the End of an Era, mediante el cual señalaron que los periodistas continuaban viendo su papel primario como intérpretes, más que cuidadores de puertas o  meros diseminadores de noticias.

Esos resultados, asegura Xiang Zhou, plantean preguntas y cuestionamientos interesantes que deben servir de pautas guías para los actuales investigadores de medios. De manera más precisa afirma: “So perhaps it is time to revisit gatekeeping theory in this new environment. Though the role of journalists is undoubtedly changing, it seems unlikely to lose all relevance soon. Potential questions for additional exploration might at least include: Who are the gatekeepers online? What attributes or skills will online gatekeepers need?;  How does the concept of news judgment, which underlies gatekeeping theory, change as the media change?;  If users do want gatekeepers – at least of some sort, at least some of the time – what sorts of functions might those gatekeepers perform?;  How is the gatekeeping function influenced by the interactive nature of this medium?. A re-examination of gate-keeping theory, then, can generate questions that are both plentiful and meaty” (2001:21)

Véase en este punto, la importancia que el autor le asigna al concepto de gatekeeper. Su descripción está asociada a una idea de administración informativa, más que una instancia de decisión y edición. Hacer hincapié en esta perspectiva, no es un dato menor si se considera la valoración peyorativa que se la ha asignado, en últimos trabajos, al concepto de seleccionador o cuidador de puertas. Estamos sugiriendo, como indicio relevante, una mutación conceptual útil si se tiene en cuenta la idea matriz apuntalada por David White y los nuevos espacios de investigación que pueden abrirse en consecuencia.

3. Construcción de noticias

En 1979, Golding y Elliott cuando plantearon en Making the News su posición respecto al mecanismo de la distorsión involuntaria, también esbozaron un par de preguntas que pueden considerarse centrales para la corriente de estudio denominada newsmaking. Se cuestionaron sobre la imagen del mundo que construyen los informativos radiotelevisivos y su vinculación con la cultura periodística, la organización del trabajo en las salas de redacción y la correlación con las rutinas productivas, preguntas que años después quedaron explícitamente asociadas con estos estudios.

Respecto a los planteos originales sobre este tema, existe consenso en afirmar que Benard Roshco, investigador de la Universidad de Chicago, fue el primero en sistematizar estos cuestionamientos a través de una publicación que tituló Newsmaking (1975)[5]. Allí examinó lo que llamó sesgos informativos remitidos principalmente al ámbito de la objetividad, la oportunidad de informar y la posible notoriedad del acontecimiento; todos vinculados a un evidente ejercicio de aprendizaje y negociación en las instancias de producción noticiosa. Como asegura Garbarino en un apartado que rescata especialmente Mauro Wolf para explicar estos cuestionamientos: “En la producción de información de masas tenemos, pues, por un lado la cultural profesional, entendida como un inextricable amasijo de retóricas de fachadas y astucias tácticas, de código, estereotipos, símbolos, tipìficaciones latentes, representaciones de roles rituales y convenciones, relativos a las funciones de los media y de los periodistas en la sociedad, a la concepción de los productos-noticia, y las modalidades que dominan su confección” (1987:215)

La mirada está puesta en los puntos de conexión que pueden encontrarse entre la cultura del ejercicio periodístico y su determinación en manos de la organización y sus prácticas naturalizadas. Como señala de manera más precisa Stella Martín a propósito de esta conexión: “Esta nueva etapa de investigaciones, que recibe el nombre de estudios sobre el Newsmaking  o construcción de noticia, permite avanzar en el estudio de las formas de producción de la noticia, suprime simplificaciones de las explicaciones de la noticia de una tarea compleja y permite herramientas útiles para analizar la relación entre la imagen de la realidad social que construyen los medios, la organización y producción rutinaria de los aparatos periodísticos y los sentidos sociales” (2000: 77)

La noción de rutinas informativas no se asocia, en este caso, con simplificaciones vinculadas a un mero proceder de puertas que se abren y se cierren, sino que extiende su campo de comprensión a la a la noción de construcción. En tal sentido, construir la noticia infiere la existencia de procesos dinámicos, entre los que se incluye las rutinas informativas, que implican espacios de negociación y conflicto en torno a valoraciones periodísticas. Para nuestro caso, las rutinas exceden su carácter normativo, para transformarse en campos de realización, no rígidos, que se modifican según acontecimientos imprevistos, relación con fuentes de información o demandas de públicos-objetivos. No se trata, si vale la duda, de una definición próxima a la anarquía informativa, sino de entender la complejidad de este proceso, y señalar que la noticia no es solo el resultado de un mecanismo de selección, sino también la construcción organizacional producto de una multiplicidad de factores que intervienen en el proceso de negociación. De allí su carácter no necesariamente preestablecido.

Otra diferencia sustancial de esta corriente teórica es la prevalecía de un enfoque sistemático. Es así que sus primeros resultados fueron frutos de trabajos de investigación provistos de técnicas etnográficas y observación participante para llegar a la descripción, interpretación y sistematización de la tarea periodística en el interior de los propios medios. Y en este punto pueden mencionarse trabajos fundacionales llevados a cabo por Peter Schlesinger (1978), Herbert Gans (1979) o Lorenzo Gomis (1991). Por su parte, Mauro Wolf también destaca las contribuciones de Warner (1971), Epstein (1973), Altheide (1976), Tuchman (1973), Alvarado, Bunscombe (1978), Fishman (1980) y Bantz-McCorkle-Baade (1981)

El denominador común es una perspectiva metodológica que se sustenta en una forma posible de recoger y obtener sistemáticamente las informaciones y los datos fundamentales sobre las rutinas productivas operantes en la industria de los media. Wolf agrega: “Los datos son recogidos por el investigador presente en el ambiente objeto de estudio, bien con la observación sistemática de todo lo que pasa, bien a través de conversaciones más o menos informales y ocasionales o verdaderas y propias entrevistas, llevadas a cabo con los que desarrollan los procesos productivos” (1987: 211)

En este sentido, aparece como una cualidad diferencial la posibilidad de observación no sólo de procesos productivos rutinarios, sino, y más importante aún, la forma en que reacciona la institución periodística frente a acontecimientos que exigen una reconsideración de la política editorial, la organización del trabajo informativo y mecanismos de respuesta frente a imprevistos. Esto resulta valioso si se tiene en cuenta que, históricamente, los estudios enfocaron la mirada en la forma de sistematización del ejercicio periodístico e intentaron predecir un comportamiento naturalizado.

Sobre este punto, Gaye Tuchman advirtió en 1973, en Making news by doing work: routinizing the unexpected la necesidad de explorar los mecanismos que entran en juego en una organización periodística frente a acontecimientos imprevistos o situaciones de crisis. Además resulta sumamente útil para comprobar, desde diferentes enfoques y situaciones, la forma en que se construyen pilares estructurales de una empresa periodística y una sala de redacción: criterios de noticiabilidad, valores/noticia,  manejo de fuentes y  rutinas de abordaje.

En 1976 David Altheide definió la noticiabilidad como una perspectiva práctica sobre los acontecimientos; enunciación que Mauro Wolf acentúa especialmente por considerar que toma distancia de aquella visión arbitraria impuesta a la selección del trabajo informativo. De hecho, no duda en asociar esta noción, con lo que ahora puede llamarse cultura periodística, en clara alusión a ese proceder que se erige en el propio seno de la relación intrainstitucional, el papel que la empresa y el lugar que sus propietarios ocupan en el tejido social-político, los valores que rigen la tarea informativa y las experiencias personales puestas en juego por el periodista.

Sobre este punto, Mauro Wolf afirma que “desde este perspectiva, es noticia lo que –hecho pertinente por la cultura profesional de los periodistas- es susceptible de ser trabajado por el aparato sin excesivas alteraciones y subversiones del normal ciclo productivo” (1987:217)

De igual manera, en 1979 Gans volvió sobre esta idea y aclaró en Deciding What´s News que la noticia, desde su naturaleza y la capacidad de ser apropiada por el periodista, era en esencia una institución social, producto de informadores insertos en procesos institucionales y en ejecución de prácticas institucionales.

En 1981, Edward Jay Epstein agregó en The Selection of Reality que las determinaciones de espacio y tiempo que rigen la producción de un noticiero condicionan, también, el contexto de elaboración e interpretación noticiosa, contexto que establece criterios de noticiabilidad en un medio de comunicación. En este sentido, podría decirse entonces, que la noticiabilidad está acordada no sólo por la naturaleza de ruptura de un acontecimiento, sino por limitantes de tiempo y espacio impuestos por el medio en el proceso de producción.

Al respecto de esta situación y tomando como punto de debate el razonamiento original de Epstein, Wolf agrega: “Estas características de fondo pueden explicarse por las modalidades productivas de la información: el conjunto de factores que determina la noticiabilidad de los acontecimientos permite realizar cotidianamente la cobertura informativa, pero obstaculiza la profundización y la compresión de muchos aspectos significativos en los hechos presentados como noticias.” (1987:219)

En esta línea, vale destacar los aportes realizados por Rositi (1975) y Findhal-Hoijer (1981). Todos coincidieron en afirmar, según sus observaciones, que la grilla noticiosa de un medio era el resultado de una compleja negociación de los procesos productivos, negociación en la cual los periodistas cumplen un papel esencial si se tiene en cuenta la capacidad de descontextualización que le es propia.

Por tal razón, al aporte en la comprensión de los procesos productivos, en general y las rutinas informativas, en particular, tiene su basamento en la aceptación de que existen distintos niveles de construcción en el proceso de publicación de una noticia, y que esos niveles, determinan, según la orientación de las negociaciones, la condición final de las formas textuales emitidas al público. En este caso, las rutinas expresan el resultado de las incidencias de esos factores circundantes, en tensión con una cultura institucional, y operacionalizan las fases de construcción en un medio masivo. Los aportes realizados en este sentido, desde una perspectiva empírica, advierten “una actividad mucha más compleja que el simple reflejo de los acontecimientos, su producción aparece como un proceso comunicativo que implica muchas variantes heterogéneas” (Wolf, 1987:289)

Adviértase, en este apartado, de que forma la noción de rutinas se aborda desde una perspectiva que reconoce en ellas, “el ámbito donde suceden operaciones cotidianas de reconstruir la realidad como noticia, y al mismo tiempo, como la materialización de los procesos institucionales en los cuales tiene lugar la producción de la noticia” (van Dijk, 1990: 22).

Con un carácter más sistémico e innovador metodológicamente, esta perspectiva extiende su comprensión a factores circundantes, incluyendo, las condiciones socioeconómicas y cognitivas en aquellos que construyen la noticia y dan sentido -no mecanicista- a las rutinas informativas, en tanto espacios de negociación periodística. Merecen señalarse, en este punto, los trabajos de Tuchman (1977) y  Fishman (1980)

A continuación, centraremos la mirada en dos factores determinantes: la noticiabilidad y las nuevas tendencias en el periodismo.

3. 1. Rutinas y noticiabilidad

Wolf define a la noticiabilidad “como el conjunto de elementos a través de los cuales el aparato informativo controla y gestiona la cantidad y el tipo de acontecimientos de los que seleccionan la noticia” (1987:222). Además, se plantea la siguiente pregunta: “¿Qué acontecimientos son considerados suficientemente interesantes, significativos, relevantes, para ser transformados en noticia?[6]

Como dijimos con anterioridad, ya en 1979 Golding y Elliott se habían planteado una respuesta a esta pregunta, poniendo en evidencia la importancia de lo que definieron como valores/noticia, es decir,  aquellos “criterios para seleccionar entre el material disponible en la redacción los elementos dignos de ser incluidos en  el productos final” (1979: 114). Además explicaron que los valores/noticia funcionan, en un medio, como guías de referencia que permiten marcar énfasis en algunos acontecimientos, mitigar otros y resaltar, por encima del conjunto informativo, aquellos que interesan que el público lea en un primer orden de prioridades.

Entendidos desde este punto de vista, puede decirse que los valores/noticia actúan como parámetros generales para el ejercicio cotidiano periodístico; parámetros que se manifiestan explicita e implícitamente y son el resultado de una política general entablada por el medio, la experiencia de los responsables de edición y la tarea que desarrollan los periodistas bajo con un contexto informativo que se aprehende en la relación y los vínculos intrainstitucionales. Y este aprehender debe asociarse, entonces, con una rutinización de prácticas y criterios.

Gans escribió en que al ser “la selección de las noticias un proceso decisional y de opción realizado rápidamente […] los criterios deben ser aplicables fácil y rápidamente, de forma que puedan tomarse decisiones sin reflexionar demasiado” (1979: 104). En otras palabras, herramientas que permitan superar la incertidumbre que infiere una elección, para transformarla en una certeza operativa a los intereses del medio.

En 1977, también Gaye Tuchman ya había definido, en The Exception Proves the Rule: the study of routine news practice, que  la noticiabilidad estaba constituida por requisitos particulares que se exigen a los acontecimientos (desde el punto de vista de la estructura del trabajo en los aparatos informativos y desde el punto de vista de la profesionalidad de los periodistas) para adquirir existencia visible. De manera más precisa, la selección, mirada desde esta perspectiva, implica reconocer que un suceso es un acontecimiento y no una casual sucesión de cosas y que los medios deben facilitar esta labor de reconocimiento, de producción y de adecuación a los formatos.

Es en este contexto en el que Golding y Elliott plantearon en 1979 la necesidad de aportar criterios para seleccionar entre material disponible y, además, que sirvieran como orientación para la presentación (tratamiento) del material, sugiriendo lo que hay que enfatizar, lo que hay que omitir, donde dar prioridad. Y agregaron: “Surge el concepto de valor-noticia, como elemento configurador de la noticiabilidad, entendido como cualidades de los acontecimientos o de su construcción discursiva cuya presencia, en mayor número, define la noticiabilidad del suceso. Así, pues, definidos los valores noticia (que tienen una existencia coyuntural y variable) su ausencia o presencia, y el número relativo de valores identificados” (1979:122)

Sobre esta aseveración Mauro Wolf aclaró que “el rigor de los valores/noticia no consiste por tanto en un clasificación abstracta […] es más bien la lógica de una tipificación destinada a la obtención programada de finalidades prácticas” (1987:224). Junto a ello, señala: “Los valores/noticia, por tanto, deben permitir una selección del material realizada apresuradamente, de forma casi “automática”, caracterizada por un cierto grado de flexibilidad y de comparación, que sea defendible post mortem y sobre todo que no sea susceptible de demasiados tropiezos” [7]

Aquí puede considerarse una diferencia fundamental con los planteos originales realizados por los estudios abocados al gatekeeper. El proceso de selección no se considera exclusivamente como una estructura rígida determinada por el medio, sino como el resultado de una compleja trama de relaciones, preferencias e intereses que se resuelven, de manera práctica, a través de parámetros generales y dialécticos destinados para tal fin.

Sobre este razonamiento vale remarcar el rol dinámico que diferentes autores le han asignado a los valores/noticia, más vinculados a contextos y decisiones tomadas en coordenadas de tiempo y espacio, que a una postura de noticiabilidad inalterable a pesar de la volatilidad de la moda y las preferencias del público. De todas maneras, esto no implica que existan posibilidades ciertas de orientar, de manera general, las fuentes que regularmente dan vida a los valores/noticia. En este sentido, Mauro Wolf explica: “Los valores/noticia se derivan de aserciones implícitas o de consideraciones relativas a: a) las características sustantivas de las noticias; su contenido. b) la disponibilidad de material y los criterios relativos al producto informativo; c) el público; d) la competencia. El primer orden de consideraciones corresponde al acontecimiento que debe ser transformado en noticias, el segundo al conjunto de los procesos de producción y de realización, el tercero a la imagen que los periodistas poseen de los destinatarios, y el último a las relaciones entre los media presentes en el mercado informativo” (1987: 228)

Sobre este punto, en 1981 Walter Lippman en un compilado de artículos realizado por Doris Graber[8] y titulado El Poder de los Medios en la Política aseguró que la noticia no es un espejo de las condiciones sociales, sino el informe de un aspecto que se ha impuesto. En esta definición puede advertirse la presencia implícita de un proceso de construcción informativa que se aleja de aquella idea inicial basada en un reflejo de realidad, para convertirse en un espacio de disputas en las que el medio, a través del periódico, intenta encontrar puntos de equilibro. Respecto a esto Lippman explica: “La noticia es un relato de fases abiertas que son interesantes, y la presión sobre el periódico para que adhiera a esta rutina proviene de muchos lados. Proviene de la economía de observar sólo la fase estereotipada de una situación. Viene de la dificultad de hallar periodistas que sepan ver lo que han aprendido a ver. Deriva de la dificultad casi inevitable de hallar espacio suficiente en el que incluso el mejor periodista puede tornar plausible una visión poco convencional. Proviene de la necesidad económica de interesar rápidamente al lector y del riesgo económico implícito de no interesarle nada, o de ofenderlo mediante noticias inesperadas descripta de manera insuficiente o torpe” (1981: 93)

Como puede advertirse, aparecen nuevamente en esta definición cuatro esferas claramente identificadas y marcadas como condicionantes de la noticiabilidad: el acontecimiento en sí mismo, las posibilidades reales de abordaje (practicidad y capacidad periodística), el público y la competencia. Es por eso que Lippman caracteriza el producto final de un periódico “como el resultado de una serie de selecciones, en cuanto a ítems que deben imprimirse, en qué posición se los debe publicar, cuánto espacio deben ocupar, qué énfasis se le debe asignar” (1981: 96).

La trascendencia de caracterizar los factores que condicionan la noticiabilidad de un medio no resulta un dato menor. Doris Graber se encargó de manifestar su importancia al explicar: […] que la clase de noticia que recibe la atención de los medios y la manera en que se las presenta, tienen consecuencias importantes para los regimenes políticos. Sensibles al poder los medios informativos  para influir en la agenda política, los gobiernos de todo el mundo tratan de controlar la producción de los medios, forma e informalmente” (1981:79)

Trabajos realizados por David Paletz y Robert Entman (1981), Phillips Tichnor, Donohue y Clarece Olien (1981) dan cuenta de esta situación en el contexto norteamericano. A ello se puede sumar aportes históricos realizados en este sentido por Maxwell McCombs y Donald Shaw.

En 1981, la investigadora española Mar de Fontcuberta describió en Estructura de la noticia periodística lo para que ella solo podía considerarse una guía de aproximación al estudio informativo. Sin embargo, en ese intento de síntesis para estudiantes que se inician puede advertirse la importancia de factores propios del newsmaking. Retomando conceptos vertidos, entre otros, por Dovifat (1964), Ortega (1966), De Gregorio (1966), Herraiz (1966), Charnley (1971), Albertos (1972) y Sheehan (1972), Fontcuberta define a la noticia bajo parámetros de interés mediático-periodístico y público y hace hincapié en la capacidad que tiene un medio de comunicación para poner el énfasis en aquellas noticias que considera relevantes, para lo cual existe una andamiaje específico (la cultura del medio y una praxis en la sala de redacción) Sobre este punto plantea: “[Muchos de los intelectuales] argumentan que los editores de los medios de comunicación, en sus esfuerzos para atraer el público masivo, ponen más énfasis en las noticias sensacionalistas que en las noticias importantes […] Para complicar más las cosas nos encontramos con que el concepto de “lo interesante” que tienen un tipo u otro de editores de medios de comunicación no coincide en muchas ocasiones con el que tiene el lector” (Fontcuberta, 1981: 11)

Resulta evidente, entonces, que aquella visión mecánica de selección planteada en los años 40 había sido superada por una visión mucha más compleja y global. Sobre esta aseveración Stella Martini aclara, por ejemplo, que “en los diarios, las modalidades de decir, responden a las diferentes agendas mediáticas y clasificaciones, que organizan el significado de las noticias” (2000: 108), diferencias que también se construyen  en las salas de redacción y la rutina periodística del medio.

En esta misma línea, en 1982 Concha Fagoaga adhirió, a través de su libro Periodismo interpretativo El análisis de la noticia, al concepto de reformulaciones de prácticas periodísticas y elevó una propuesta sistemática en torno al valor de la interpretación en las noticias. Lejos de ser una situación fortuita, advirtió: “La legitimidad de esta nueva práctica del tratamiento de la información tenía que pasar por redefinición del concepto de noticia y del concepto de subjetividad periodística que no violentara la historia que tan buenos resultados había proporcionado a la industria de los media […] El periodismo interpretativo supone una práctica generaliza en los medios de comunicación de masas, en la prensa escrita sobre todo […] y lo mas importante es la responsabilidad personal de los periodistas” (1982: 18)

En esta autora también se interpreta cierta modificación del concepto tradicional de práctica, en este caso, con el compromiso que asume el informador en la selección y organización interna (en algunos casos naturaliza) del acontecimiento noticiable.

Gutiérrez Palacio fue más explícito al abordar estos temas y echó luz, a través de Periodismo de Opinión (1984), sobre puntos de funcionamiento en lo que denominó la caja negra del periodismo. Y este aporte resulta valioso si se tiene en cuenta la multiplicidad de factores que incluye en la determinación de la rutina periodística y la vinculación con la agenda final que ofrecen a la sociedad.

Este intento por esclarecer alteraciones y descontextualizaciones de acontecimientos noticiables resulta útil para entender la forma a través de la cual los medios construyen la realidad, concepto que empezó a tomar fuerza en aquellos años gracias a los aportes iniciales, sobre los cuales no los explayaremos en este libro pero sí reconoceremos, de Alfred Schutz (1940), luego retraducidos, desde el Newsmaking, por Berger y Luckmann (1979), Gaye Tuchman  (1978) y Giorgio Grossi (1984), entre otros.

Gutiérrez Palacio explicó que el tratamiento de la noticia consta de dos operaciones principales: filtrados y embalajes. Sobre ello, afirmó: Primero se aligera a las noticias en bruto de todo aquello que no tiene suficiente carácter informativo. Un segundo filtrado elimina a continuación lo que es muy difícil de entender, un tercer filtrado lo que no concierne muy de cerca de los lectores y un cuarto elimina lo que es deslucido, gris, lo que no halla eco en las profundidades psíquicas. Estos filtros van acompañados de importantes desperdicios” (1984: 18)

Adviértase en este punto, que el concepto de filtros, puede asociarse con criterios progresivos que conviven en el ejercicio periodístico y que se aplican, según exigencias de tiempo y espacio, para potenciar las cualidades del acontecimiento. Pero no es lo único que se pone en juego. Con altos tonos de ironía, Gutiérrez Palacio agregó también, lo que a nuestro entender, pueden considerarse factores propios del medio y la subjetividad/experiencia/historia de vida y contexto del informador: “Y para hacerlo más atractivo, se le viste y colorea. Se valorizan sus implicancias, La inyección de palabras y expresiones personales reduce la distancia del individuo. La adjudicación de colorantes emocionales facilita su repercusión en las profundidades psíquicas” (1984: 19)

También incluyó en este punto, mecanismos de presión externa propios al tratamiento informativo. “Incluso si no existe una evidente intervención de los grupos de presión, […] los responsables de los medios de comunicación ejercen autocensura en función de directrices recibidas o simplemente de las tablas de valores sociales que están vigentes”

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NOTAS Y REFERENCIAS

[1] Cecilia Cervantes Barba, en un artículo que tituló La sociología de las noticias y el enfoque Agenda-Setting, incluye, en los orígenes de la sociología de la noticia, los trabajos de Robert Park (1922, 1969) y Walter Lippmann (1922, 1969). A ellos, suma también estudios referidos a la relación prensa-sociedad efectuados por Robert Park y Ernest Burguess en 1921 y por una discípula de Park, Helen Hughes, en 1940. En este sentido, Cervantes Barbas agrega: “Las ramificaciones e influencias de los estudios clásicos realizados al interior de la Escuela de Chicago no pueden ser precisadas con claridad, pues esa línea de trabajo sobre la naturaleza de la prensa y los factores que influyen en su producción fue objeto de cierta marginación dentro de la tradición dominante de análisis de los medios de comunicación, conocida como communication research o como mass communication research; en la que si bien se han llevado a cabo enfoques críticos, ha predominado más bien una fuerte tendencia hacia el conocimiento de los efectos de los medios de comunicación en las audiencias (Brown, 1974; Chaffee y Berger, 1980). No obstante el poco desarrollo que tuvo durante casi cinco décadas (1930-1975), el estudio de los productores de comunicación resurge a finales de los setenta y principios de los ochenta, según registran Mc Quail (1983) y Wolf (1987). Frente a la proliferación de trabajos en esa línea, emergieron a partir de los ochenta algunas iniciativas tendientes a sistematizar o dar sentido a un tipo de investigación, para el que se han utilizado términos como “sociología del comunicador de masas” (Holz y Wright, 1984: 23), “Sociología de los medios” (Murdock, 1980: 6; Shoemaker y Reese, 1991: 3-121; Reese, Ballinger y Shoemaker, 1993: 1), “Sociología del periodismo” (Weaver y Gray, 1980: 126; Kunczic, 1988: 175; Wolf, 1987: 160; Schlesinger, 1992:71” (2001: 50)

[2] Los sociólogos Lang en 1953 y 1955 realizaron aportes exploratorios sobre el trabajo televisivo en los Estados Unidos y permitieron, como primeros casos reveladores, dar cuenta del contexto de interpretación diseñado por un medio y las acciones puestas en marcha para tal fin.

[3] Estos procesos están relacionados con factores organizativos, burocráticos, y de estructuración de procesos productivos.

[4] Refiere al proceso de mimetizar, en tanto se adopta la apariencia de los seres u objetos del entorno.

[5] En un excelente trabajo seguimiento bibliográfico, Cecilia Balbín en “La producción de noticias” (2008) propone tres autores clásicos para entender la teoría del newsmaking: Warrend Breed; Gaye Tuchman y Herbert Gans. Igualmente suguiere una secuencia de puntos débiles a los cuales adherimos, aunque advertimos la posibilidad de superar sus obstáculos a partir de reconsideraciones metodológicas y epistemológicas, ajustadas a nuevas demandas del contexto informativo local.

[6] Ídem

[7] Ídem

[8] Un libro también publicado por Doris Graber que merece especial consideración para estos estudios es Processing the News: How People Tame the Information Tide (1988).